El hombre dibujado

la esbilla entintada

Algunos tebeos (9)

Fun Home, Alison Bechdel, EEUU, Houghton Mifflin 2006 / Reservoir Books 2016

Exploración cerebral de su propia fundación personal en el reflejo de su padre –homosexual, distante, obsesivo, frustrado…- que tiene igual validez como ensayo, memoria y relato. Denso en ocasiones, forzado un tanto en el enlace íntimo con las diferentes obras literarias que sirven de espejo/contrapunto, observa distintos microcosmos –la pequeña ciudad aislada, la comunidad gay (clandestina o no), la familia- con idéntica capacidad de penetración, estilo lacónico y admirable síntesis de rigor y compasión. Todo ello logrado a través de un dibujo expresivo, de gran precisión y sutileza, y una narrativa basada en la repetición y el regreso.

5 El número perfecto, Igort, Italia, 2002

David B. compara 5 en una de las notas de la edición de Sin Sentido con Jean Pierre Melville. Ahí está, en los húmedos grises, la melancolía urbana o en ese antihéroe donde uno puede imaginarse a Lino Ventura. Pero más Melville, 5 es una fantasía de Melville. Las calles de Nápoles, de un Nápoles congelado en algún lugar del tiempo, como escenario de un polar superestilizado. Leyéndolo pensaba lo bien que le encajaría a Paolo Sorrentino. No veía a Lino Ventura, sino a Toni Servillo con el cráneo rasurado.  Como en las películas de Sorrentino todo tiene un algo de sueño, está de hecho punteado por ellos, de atmósfera flotante, de extraña nostalgia por algo que nunca existió y trabaja sobre el de kitsch, el romanticismo, el envejecer.

Hombre, Peter Wiechmann/Rafael Méndez, Alemania, YPS 1978, Aleta Ediciones 2015

Entre la fantasía de pseudoverismo de Karl May y el impacto de Las aventuras de Jeremiah Johnson, una colección de repetitivas aventuras del Oeste,  donde el intachable héroe pasa por todos los paisajes y tipologías del género deshaciendo entuertos.  Si el guión es básico, el dibujo (perdido el color de los originales en la YPS alemana y reproducido en sepia) contrasta por su capacidad para recrear paisajes naturales y rostros pintorescos, así como por la fuerza en el trazo detallista y la vigorosa representación de la violencia. El conjunto va perdiendo energía  y en la segunda mitad algunas de las historias se resuelven de cualquier manera hasta cerrar la saga a trompicones, dejando una nota homoerótica en la conclusión de la relación amigo/enemigo entre Hombre y el agente de la Pinkerton que le persigue durante años.

Bob_Fish_Chaland_Eurocomic_portada

Bob Fish (Bob Fish Les Humanoïdes Associés) Yves Chaland, Bélgica, Metal Hurlant 1981/ Eurocomic 1985

Aventuras de Al Memory (o Albertito) y su héroe, el detective Bob Fish en un tebeo que sintetiza, entre la ironía y la sátira, las escuelas francobelgas transmutando la inocencia de los 40 o 60 en la amoralidad y cinismo de los 80. Los elementos subyacentes en los tebeos que recrea (la violencia, el racismo, el nacionalismo, la misoginia…) se exacerban, o se clarifican no sé, mientras el dibujo no ya permanece, sino que se refina. El conjunto es chocante, por igual sofisticado y basto, pensando el tebeo desde dentro del tebeo mientras derrocha energía. La influencia sobre Daniel Torres o Seth es transparente.

Vampir (Grand Vampir), Joann Sfar, Francia, Delcourt 2001-2003/Fulgencio Pimentel 2013

Cuatro álbumes de las gracias y desgracias del vampiro expresionista Fernand que según avanzan van descompactándose, pendientes más de los personajes que de cualquier tipo de trama. Avatares sentimentales, humor perplejo, tono informal, sentido del absurdo y erotismo que vive en el cortejo y no en la consumación. El tono es libre, lo mismo que la estructura y de ahí a la fluidez del dibujo o la textura del color, y la sensación de penetrante melancolía, esa oposición entre la alegría de vivir y la tristeza por lo efímero de todo.

El Capitán Escarlata, Emmanuel Guibert/David B., Francia, Dupuis 2000/Glénat 2006

No tanto folletín como ensoñación de uno contado en duermevela, usa como referencia al erudito Marcel Schwob pero se parece más que nada al The Crimson Permanent Assurance de Terry Gilliam. El dibujo al carboncillo y el coloreado personalizan la línea clara mientras el diálogo pone distancia al oscilar entre la pretenciosidad poética y el humor extraño.  Melancolía por la aventura dentro de un imaginario febril de buques voladores, alegres decapitados y lenguas de mar sobre los cielos de París que combina elementos surrealistas, mágicos y anarquistas.

Blankets, Craig Thompson, EEUU, Top Shelf 2003/ Astiberri 2004

Historia de maduración, recuerdos y sufrimiento donde la nostalgia se mezcla con la repugnancia y el amor (infantil por un hermano, adolescente por una chica) son el camino para fugarse de la realidad, hasta que esta conquista incluso esos espacios y obliga a negociar. Todo está dominado por una tristeza indefinible y marcado por una educación religiosa, represiva y a la vez candorosa. Confesional y terapéutico, constata lo doloso de tratar de retener la inocencia mientras analiza con pudor y sinceridad una cultura del abuso tocando incluso sus bordes más escabrosos. A veces ese mismo contexto hace el relato difícil de comprender, así como el desarrollo de sus relaciones, pero la honestidad y sensibilidad del autor se imponen sobre ello. El dibujo es suelto y expresivo, abierto al arabesco y usando la página para expresar tanto como para narrar. Rico en recursos, oscila entre el cómic propiamente dicho y la colección de ilustraciones, apuntes, etc…

La puerta de Oriente (La porta d’oriente: Una storia di Max Fridman), Vittorio Giardino, Italia, Edizioni Milano 1986 /Norma 1997

Espionaje durante la gestación de la 2ªGM mirando a Le Carré y Green al tiempo que extremando el todo melancólico y entristecido de “Rapsodia Húngara”. Max Fridman continúa siendo en anti-espía estoico, ocupando un rol todavía más pasivo en una trama que usa los mecanismos del thriller pero se desarrolla, en realidad, en los del romanticismo (sentimental, vital, filosófico…) y el fatalismo. El dibujo es delicado, de trazo finísimo y recreación minuciosa de los paisajes urbanos y naturales y el conjunto algo frío, distante.

El rayo mortal, Daniel Clowes, EEUU, Eightball 2004/Random House/Mondadori, 2013

Encuentros con Steve Ditko en algún punto entre Ghost World y Wilson, es decir reciclado una y anticipando la otra. Incluye también elementos de David Boring y avanza hacia un dibujo decididamente cartoon, con uso de colores planos y grafismo simplificado, en contraste con el tono alienado, el laconismo y la misantropía. La historia, desfragmentada, es la de un ordinario muchacho con poderes y la habitual psicología jodida de los antihéroes de Clowes. Humor desagradable, distorsión, desapego y sensación constante de terror.

Button Man: La confesión de Harry Exton (Button man Book II: The Confession of Harry Exton), John Wagner/Arthur Ranson, GB, 2000Ad 1994/ECC 2016

Secuela que como tal ofrece una versión más grande de la entrega anterior, perdiendo por el camino concisión, abstracción y misterio. Harry Exton ahora en Estados Unidos, lo que permite un cambio de textura y paisajes mientras el personaje se vuelve más crudo e imparable hasta la “rambificación” final, como si la matriz original, Jack Carter, hubiese sido colonizada por una referente local, John Rambo. El tebeo empeora por páginas, con un último tercio de espanto y un dibujo de Ranson que pasa de la densidad de página y la riqueza narrativa a la representación ortopédica, la dificultad en mantener las caracterizaciones y la solución facilona.

Airboy, James Robinson/Greg Hinkle, Image, 2016

En una de las primeras páginas del número 1, James Robinson (o su versión distorsionada) dice que está harto del enfoque postmoderno irónico para los superhéroes, pero eso es exactamente lo que hace. Usa la estrategia de “escribir sobre no poder escribir”, convirtiendo el tebeo en una reflexión personal hiperbólica que sabe a años 90 por todos lados, tal vez porque esa sea la época gloriosa de Robinson. Airboy, con su humor drogadicto, inclinación por lo degradante y desvío hacia lo sentimental, se asemeja a un Garth Ennis autocompasivo. El narcisismo del conjunto, lo básico de su comedia, lo enriquece el arte de Hinkle, caricaturesco y nervioso, con un uso soberbio del color.

Los compañeros del crepúsculo (Les compagnons du crépuscule), François Bourgeon, Bélgica, Casterman 1984-90/12Bis 2008

Los dos primeros álbumes, con su clásica estructura de relato de aventuras (el viaje, el descubrimiento…), enriquecida por transitar entre realidades (la mítica, la del sueño, la mundana…) son ya notables por su ausencia de romanticismo y su dibujo lleno de tensión entre lo sórdido y lo fantástico, así como la impresionante recreación de lugares y naturalezas. Pero son, en cierto modo, limitados. Es el siguiente, algo así como el ciclo de Montroy, donde se alcanza una categoría magistral. La historia se para, se cierra sobre si misma progresivamente claustrofóbica. El camino, la ciudad, el castillo, las habitaciones… Como una espiral, el espacio se reduce y el drama se hace más denso, penetrante como el invierno donde sucede. El dibujo, igualmente, absorbe. Hay que mirar cada esquina de la viñeta, llenas de símbolos complementarios que espesan no solo historia y personajes, sino toda una poética sobre la superposición del paganismo y el cristianismo y la pervivencia de los viejos ritos en formas nuevas.

Hicksville, Dylan Horrocks, Nueva Zelanda, Black Eye Comics 1998/De Ponent y Ediciones Balboa 2003

Oda al tebeo como medio, así como canal creativo y justificante vital,  realizado no tanto desde la modestia de estilo como desde uno pedestre. La intención es, algo así, como reunir la noción del espacio-idea de Alan Moore con el cómic costumbrista/autobiográfico, algo en lo cual redundará con mayor gracia y soltura en “Sam Zabel y la pluma mágica”, que retoma a uno de los protagonistas, diversas creaciones de ficción y una ambición estructural más teórica que lograda. Metatextualidad y magia, negocio vs. arte sin sutileza alguna, sentimiento de melancolía y exceso de tinta.

Matar a mi madre (Kill My Mother), Jules Feiffer, EEUU, Liveright 2014 / Sapristi 2015

Entre la comedia loca y el noir duro, una historia de identidades cambiadas y hermanas (por eso lo chandleriano) entre el Nueva York de los 30 y el Hollywood de los 40; excursión climática a la guerra en el Pacífico incluida. Sobredialogada, la sátira (mejor, la parodia) es de bajo vuelo y si a algo recuerda es a Cliente muerto no paga. El dibujo es un amasijo de líneas temblorosas, a veces enérgicas, y la narrativa, a veces también, un lío debido al modo en el cual desperdiga los elementos sobre la página y la propia representación/caracterización de los personajes. Será la urgencia todo ello, supongo.

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