El hombre dibujado

la esbilla entintada

Los comediantes: Cutter y Bone

 

I should be drinking a toast to absent friends
Instead of these comedians

 

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“Cutter y Bone” fue adaptada al cine en 1981, tras ciertos avatares que contribuyeron a sacarla un poco de tiempo, con dirección de Ivan Passer. Passer, cineasta checo, guionista y amigo de Milos Forman, fue uno de los profesionales que prefirió dejar el país visto el horizonte de tanques soviéticos post-68. Bajo su dirección, Cutter’s Way, que así se terminó por titular es un noir evanescente, con sus contornos paranoicos y delicados, con su tristeza, definida entre la fotografía brumosa de  Jordan Cronenweth y la música espectral de Jack Nitzsche. Cutter’s Way es melancólica donde “Cutter y Bone” es nihilista, pone tristeza donde había crueldad, lima los bordes más cortantes de una novela inclemente y transmuta sus desechos sociales e históricos en antihéroes que, casi como en un western contemporáneo, buscan recobrar la dignidad perdida.

Al leer ahora la edición en español de Sajalín, pensaba más en Puro vicio y en El gran Lebowski que en la versión de Passer. No es que tengan tampoco demasiado que ver, Cutter y Bone no es una novela psicodélica, ni una parodia del género, si bien algo gotea dentro de ella en relación a ambas cosas. Lo pensaba porque al contrario que en la contrapartida cinematográfica, el objetivo, la dirección nunca está clara.

Alex Cutter, el veterano del Vietnam a trozos y Richard Bone, el sueño americano reconvertido a gigoló barato, parecen casi versiones ideales de sí mismos en Cutter’s Way, mientras en la novela de Newton Thornburg ofrecen su rostro verdadero. Bone es incapaz de de llevar nada a cabo, se pierde en las esquinas del relato, cae siempre más al fondo, encuentra siempre la excusa para no aclararse. Y Cutter es el gran bufón, la gran broma final. Como El Comediante de Alan Moore en “Watchmen” sabe que su cara y su cuerpo son la verdadera cara y el verdadero cuerpo de todas las cosas. Con Cutter nunca puede saber dónde acabará la idea; aunque casi seguro que será en dolor y crueldad.

“Cutter y Bone” es una novela de meandros, de devaneos. La historia se diluye en sí misma y a largos ratos no importa, se nos olvida. Ella y los personajes flotan en una modorra alcohólica o noqueados por los barbitúricos. Unos no quieren pensar nada, a otros les gusta pensar demasiado y demasiado rápido. Como gran parte de la ficción norteamericana de los últimos 60 y 70, no está conducida por el hilo de la narración, sino por el de los personajes. Thornburg se sirve del noir (hay un misterio, hay un crimen impune) y sus andamiajes para ver a sus personajes desenvolverse en ellos y para articular, en lo mínimo, un fresco de un lugar y una época.

“Cutter y Bone” es una novela californiana, de igual modo Cutter’s Way es una película californiana, capturando perfectamente ambientes, tipos y lugares. Pero la de Passer tiene algo de a destiempo. Es como una película e los 70 que hubiese flotado hasta los 80 y quedado en tierra de nadie. La novela, en cambio, es un documento. Un mapa de una California decadente, abaratada. Leyéndola pensaba también en lo que John Milius decía sobre Vietnam cuando escribió Apocalypse Now, sobre cómo había sido una guerra californiana, y en Hal Ashby. Pensaba en Shampoo, que tampoco tiene nada que ver, pero en ella hay sátira, hay vacío y hay California hortera de los 70. La California de Thornburg es un desagüe de América, una joven que un día fue hermosa y ahora intenta mantener la apariencia bajo el maquillaje, como la señorona que emplea a Bone como mozo.

California queda atrás en gran parte del relato, que se transforma en un viaje con asumidas similitudes respecto a Easy Rider. Camino de los Ozark, hacia el Medio oeste americano, Cutter y Bone son figuras todavía más excéntricas. Separado de su paisaje natural, ofenden a América con su presencia grotesca. Son un recordatorio de fracasos: el de Vietnam, el del capitalismo, el de la América WASP…

Cutter y Bone es pesimista al límite, desolada, desesperanzada. Representa la reconstrucción paranoica de la realidad tras Nixon y Vietnam. No hay en ella ese sentido de la dignidad de la película. No hay antihéroes, solo miserables. Y es difícil de leer. “Dije que la vida era una broma, no que la broma tuviera gracia”, sentenciaba El Comediante. Así es, el humor de Thornburg es tan negro que se da la vuelta y te muerde, sus descripciones convocan imágenes tan exactas que uno no puede sacarse de la cabeza el rostro de halcón de Cutter y su atuendo de “bailarín de tango apache”. Cada réplica es una bala disparada al centro del dolor, al punto más débil, a la herida más expuesta. Cutter y Bone son el loco y el amigo del loco; y no se sabe quién es peor, tan destruidos que ya solo se aguantan el uno en el otro.

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Esta entrada fue publicada en 11 Nov 2016 por en 70`s, Cutter y Bone, Newton Thornburg, Uncategorized y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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