El hombre dibujado

la esbilla entintada

La edad de la obsidiana: la JLA de Kelly y Mahnke

Publicadas originalmente en Ultramundo: http://cineultramundo.blogspot.com.es/search/label/Doug%20Mahnke

Sin duda que te ofrezcan escribir nada menos que la cabecera de la Liga de la Justicia en lo que fue su última gran época puede parecer el mejor trabajo del mundo… pero también uno de los más difíciles; uno de esos donde el guionista de turno tiene mucho que perder y quizás no tanto que ganar.

Joe Kelly se había hecho un nombre en la Marvel de finales de los 90 por salirse de los estándares con series como Deadpool, la más recordada o un hoy reivindica (por sus paralelismos con lo que ahora ha cristalizado Mark Waid) etapa en Daredevil. También había tenido a su cargo la siempre complicada franquicia mutante sin un éxito remarcable. En la DC entro un tanto de perfil para hacerse cargo de otra serie de esas que queman, el Action Comics de Superman a la cual dedicó una etapa larga y convulsa, que al igual que su Daredevil está conociendo reivindicación.

No era, en principio, una elección obvia para encargarse de la entonces refulgente JLA. Tenía su riesgo, tanto para Kelly como para los editores porque recogía a los grandes de la DC de manos de Grant Morrison y Mark Waid. El segundo había ocupado el cargo de guionista de modo interino durante un par de sagas junto al dibujante Bryan Hitch en virtud de su amistad y cercanía con Morrison, con quien había colaborado activamente en distintas etapas de su largo recorrido con la Liga. El escocés, además, reconocía el ascendente que sobre su propio trabajo había tenido otra breve estancia previa de Waid. Pero, en todo caso, la sombra que debía de soportar Kelly no era la de Waid, era la de Grant Morrison. Este había devuelto la serie y a sus personajes a la grandeza por el método de llevarlos a su grado cero: sin son los más grandes que lo demuestren número a número.

Con la cabeza a mil por hora, compatibilizándola con el desarrollo de Los Invisible, su JLA dibujada en su mayor parte por Howard Porter era puro tebeo de superhéroes, sin deconstrucciones ni intelectualización, derrochando imaginación, grandiosidad y un sentido del delirio que convertía aquellos cómics en absolutamente adictivos. Devolvió además a la JLA al top de ventas y convirtió aquella serie, que número tras número era más y más espectacular, en el tebeo que importaba, en el que había que leer. Así que ese era, nada menos, el trabajo que heredaba Joe Kelly, dejando aparte el hecho de que Morrison, según su costumbre se marchaba en todo lo alto, entre el tono apocalíptico La Tercera Guerra Mundial y su especial, hoy clásico, Tierra 2, una formidable historia autoconclusiva dibujada por Frank Quitely.

Durante su época en Acrtion Comics, Kelly había escrito una de las obras maestras del cómic de su tiempo y una de las grandes historias de Superman del nuevo siglo: What’s So Funny About Truth, Justice & the American Way?.
Aquella historia que enfrentaba al arquetipo clásico, Superman, contra sus contrapartidas modernas (The Authority, etc…) aquí sintetizadas en el supergrupo La Élite para demostrar la atemporalidad de uno y lo efímero de los otros. Aquel número estaba dibujado por Doug Mahnke, con las tintas de Tom Nguyen y quizás fuese lo que decidió a la planta noble de la DC de que Kelly podía ser un buen continuador del legado de Morrison. Demostraba, por un lado un conocimiento de la esencia de los personajes, y por otro un punto de vista sobre el presente y la relevancia del cómic superheróico en el mismo nada acomodaticia. El dibujo, encima, saltaba de la página.

En muchos aspectos el ideario de What’s So Funny About Truth, Justice & the American Way?, será lo que vertebre su etapa en al JLA. Kelly reduce la escala con respecto a Morriso, humaniza en cierto modo a los superhéroes e incluye una dimensión política, ambigua a veces, y polémica que ya ocupa la parte central del primero volumen editado ahora por ECC bajo el título de “Élites”. En la saga central, protagonizada por una Wonder Woman frágil y apasionada al tiempo, que busca su propio equilibrio en un mundo inestable, Joe Kelly realiza una audaz perífrasis de la política exterior USA de la administración Bush Jr., sobre la cual regresará más adelante y de modo más contundente.

Perfección dorada, que así se titula esta historia sobre la percepción de la verdad resulta una buena historia, aunque no exactamente una de grupo, ya que Wonder Woman centra el desarrollo, con el resto de la Liga en papeles más o menso secundarios, con especial atención y sensibilidad a la hora de definir a J’onn J’onzz, el detective marciano, y su relación con la princesa amazona. En este sentido resulta más brillante el primer número, unitario, de Kelly en la cabecera, una trepidante aventura grupal que muestra el ajetreo cotidiano de los superdioses perfilándolos a todos maravillosamente en muy pocas viñetas, sin que decaiga la acción, ni falte el humor de unos diálogos chispeantes; una de las grandes facultades del guionista explotada de nuevo en la historia de cierre: un team-up de emotiva ternura entre Batman y Plastic Man que sirve tanto para lucir la finura de Kelly en diálogos y caracterizaciones, como para desarrollar la dinámica entre los personajes al tiempo que se van sembrando pequeños detalles de la que será la primera gran historia de largo recorrido: el regreso de Aquaman.

Y el dibujo de Mahnke, por entonces una mixtura entre Ed Mcguinness y Mike Mignola pre-Hellboy, sigue saltando de la página, desbordando energía y carácter, para redondear una etapa magnífica, válida por sí misma y que no desmerece ante la monumentalidad de lo que la precedió. No es poco.

A la altura del segundo tomo, que incluye los números del 66 al 71 de la edición original, ya podemos decir que Joe Kelly se ha hecho con los mandos. La sombra de Grant Morrison y su Liga para la historia queda, ahí, en la historia, y Kelly comienza ahora sí a escribir la suya.

Lo más notable es que la dinámica de grupo se impone finalmente. Lo números personalizados, incluso la historia central que la primera entrega giraba en torno a Wonder Woman como protagonista y el resto como elenco de secundarios de lujo,  deja paso a un completo tapiz de relaciones y un creciente número de personajes. Kelly no solo organiza  una gran historia, de largo recorrido, que involucra a toda la Liga, esa búsqueda de Aquaman cuyas semillas ya había sembrado y que aquí germinan en la forma del arco La edad de la obsidiana, sino que expande ese grupo creado dos variaciones sobre el mismo. Por un lado tenemos un grupo antagonista, una proto-Liga, formada en el Atlantis reluciente de mil años en el pasado, pro el otro una Liga de urgencia en el presente conformada a partir de un protocolo organizado, claro, por Batman.

Ambas, a su modo, ofrecen imágenes especulares de la Liga central, comentarios de la misma en el sentido de que esta supone un destilado, una enorme fuerza icónica. Los diseños de Mahnke para la Liga de la edad de la Obsidiana tiene una cualidad tribal, con sus héroes, tal cosa son en su tiempo, asociados a distintas tradiciones mítico-religiosas y geográficas. Los personajes a estas alturas de la saga aun están a medio desarrollar, pero su potencial es obvio, la sombras de villanía en unos y de cristalino heroísmo traicionado en otros aparecen de modo sutil tanto en diálogos como en el elegante lenguaje corporal que Doug Mahnke es capaz de incorporar en un dibujo cada vez más seguro y expresivo, fluido, igual de brillante en los momentos de acción como en los de calma, en aquellos centrados en los personajes.

La nueva Liga de urgencia, por su lado, ofrece a Kelly la posibilidad de escoger, o directamente crear caso de la misteriosa Fe, una serie de personajes destinados a una dinámica interna nueva, con sus personalidades bien delimitadas. Incluyendo clásicos como Flecha Verde, Átomo o Nightwing se atreve también como villanos redimidos como Major Desastre, que introducen un sentido de inestabilidad en el grupo, e incluso con elementos mágicos como Jason Blood (que de momento no ha liberado al demonio rimador Etrigan)  en coherencia con la trama esotérica principal que involucra el viaje en el tiempo de la Liga original desde un Atlantis emergido. Este suceso capital da a Kelly la ocasión de traer a la acción a buena parte del reparto mágico de la DC, primero como aliados… después como más que temible amenaza manipulada por, bueno, por algo que todavía no conocemos.

De tal modo tenemos un buen montón de personajes y un buen montón de líneas argumentales abiertas y en funcionamiento, solapándose y complementándose a la vez, comentándose y haciéndose evolucionar las unas a las otras, al igual que lo hacen las actitudes de los personajes, intercomunicados de algún modo mediante cualidades compartidas, y como unos evocan a los otros. Un trabajo de escritura muy minucioso, mucho más por cuanto no resulta nunca farragoso, sino apasionante de seguir. Quizás la única pega sea que el trabajo de Yvel Guichet (curiosamente futuro entintador de Doug Mahnke) a los lápices con la Liga del presente, la de Nightwing y los suyos resulta algo irregular, algo grotesca y sobrecargada, que desluce frente al trabajo de Mahnke. En definitiva, la parte central de una historia en movimiento, briosa y absorbente, de esas que te hacen ir corriendo a comprar el siguiente número.

Quiero pensar que cuando Joe Kelly terminó la última línea de guión de esta su primera saga bajo la cabecera de la JLA se dio a si mismo una buena palmada en el hombro y respiró profundo, de satisfacción. “Liga de la Justicia… allá vamos”.

El último número de La edad de obsidiana, o En busca de Aquaman como quieran, es un maravilloso epílogo donde las piezas se recogen para componer un cuadro que, en breve, será pintado de diferente manera. Es una historia de reencuentros, de cosas dichas a medias –Kelly maneja de modo maravilloso la relación entre Batman y Wonder Woman, mostrando unas posibilidades románticas que también tocaría Matt Wagner en Trinity- , de decisiones que hay que tomar y de cosas que hacer y por hacer. En cierto modo parezca que Kelly respira, otra vez, aliviado y satisfecho al ver como ha sido capaz, él mismo tal y como hacen los personajes de la Liga suplente a lo largo de la aventura, de honrar la herencia recibida, de estar a la altura épica de la grandeza inmediatamente anterior.

Dice Alberto Morán en el prólogo del tomo 3 que es la épica lo que distingue a la Liga de la Justicia. Es cierto; y lo hace en una doble dimensión: por un lado la desmesura de su tarea, por el otro la ejemplaridad de sus comportamientos. La Liga son los superhéroes en su mejor versión; lo cual equivale a decir que son los creadores de esos superhéroes en su mejor versión. Escribir y dibujar a la JSA, contar sus historias y estar a su altura es una misión épica también.

Kelly entiende esta doble dimensión de los héroes y la aplica a su historia-río aquí culminante con el efectivo (y tremebundo) regreso de Aquaman. Lo descomunal y lo mínimo se conjuntan para ofrecer un trepidante final que ocupa todo el tomo, enfrascado en una doble batalla en dos épocas diferentes, si bien contra un mismo enemigo (enemiga en este caso). Es cierto que a veces se le escapa de las manos y se vuelve confusa, producto también de un Dough Mahnke que no necesita que le cubran las espaldas y que, pase al vigor de sus lápices, no está igual de lúcido en la narrativa. La batalla directa cuentan tanto como el sacrificio en la retaguardia y los puños de Superman, la inteligencia de Batman o la magia de Jason Blood/Etrigan no serían capaces de acometer la tarea de titanes sin el sacrificio previo de Linterna Verde, de Kyle Rayner, uno de los grandes personajes de esta serie, capaz de dar, literalmente, su corazón.

Decía Grant Morrison en una charla con Kevin Smith en el estupendo podcast de este, Fatman on Batman, que Superman se enfrenta a lo imposible y Batman se enfrenta a la muerte. Cuando tienes a ambos juntos, en un grupo, la amenaza tiene que adquirir unas proporciones que desafíen cualquier estándar. La Liga de la Justicia se enfrenta en la saga que aquí concluye a lo imposible y  a la muerte, al unísono. Pero, claro, Superman y Batman no están solos: tiene a los mejores compañeros del mundo a su lado.

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4 comentarios el “La edad de la obsidiana: la JLA de Kelly y Mahnke

  1. John Space
    3 Jun 2015

    Mahnke, Deathstroke enfrentándose a adivine-quién, aquel JLA sobre Batman y WW, DC y Wildstorm compitiendo entre sí… Te añoramos, Kelly. Mucho.

    • adrián esbilla
      3 Jun 2015

      Pues sí… hacen falta escritores honestos, del oficio, como él. Y encima suya es aquella de Superman contra la (pseudo) Authority que ponía las cosas en su sitio.

      • John Space
        3 Jun 2015

        Action Comics 775, ya un clásico. Y la de fans de The Authority que se cabrearon después de leerlo…

      • adrián esbilla
        3 Jun 2015

        Pues a Ellis seguro que le gustó.

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