El hombre dibujado

la esbilla entintada

Goscinny & Uderzo Inc.: Juan Pistola

En Asturias 24: http://mas.asturias24.es/secciones/vinetas/noticias/corsario-de-la-bd-juan-pistola/1424253115

9788469601440

A bordo del destartalado barco pirata El Bravo, el intrépido e ingenuo Juan Pistola y su inefable tripulación recorre los mares a la búsqueda de aventuras. Publicado en 1952, fue la primera creación conjunta de René Goscinny (quien se incluye en la páginas como el marinero Renatito) y Albert Uderzo. De azarosa vida editorial, define la evolución durante la primera mitad de los 50 tanto de dos autores capitales como del efervescente mundo de la BD franco-belga, en especial la relacionada con la escuela de Marcinelle. Recopilados ahora en España en una edición integral, que incluye los cinco álbumes completos, numerosas planchas originales y desechadas y un prólogo sin desperdicio, Juan Pistola aparece como el molde de un futuro insuperable, por donde asoman Umpah-Pah o Astérix el galo.

 

Juan Pistola tiene algo especial. Fue la primera vez. Goscinny y Uderzo, historia del tebeo europeo (y mundial), encontrándose, potenciándose, mejorándose. Juan Pistola tiene la magia original, todavía en bruto. Todavía faltan Umpah-Pah, todavía faltan las primeras entregas de Asterix, pero la idea está allí: maravillosa, perfecta, radiante.

Encontrar hoy, descubrir directamente, unos tebeos como los que comprende este integral de Juan Pistola ahora editado por Salvat tiene algo de ver fotos de amigos tuyos de pequeños. Ya adivinas, desde el hoy, los rasgos distintivos, esa personalidad incipiente, mutante todavía.

En pocos tebeos, de hecho se percibe la evolución y la búsqueda de un estilo de manera tan frontal como en Juan Pistola. En las historias de Umpah-Pah, por ejemplo, se ve con claridad el universo venidero de Astérix y Obélix, pero a la vez, las aventuras del valeroso guerrero indio y del soldado francés Humberto de la Pasta de Hojaldre, están perfectamente acabadas en sí mismas. Los álbumes existentes son estructural, gráfica y tonalmente cerrados y coherentes. En Juan Pistola, en cambio, asistimos a un work in progress apasionante. Esto, claro, provoca una indefinición en las historias, pero el privilegio de la creación en directo lo compensa de sobra. Este carácter de ensayo/error es tan salvaje que el aspecto físico de los personajes no es que cambie de historia  a historia, es que lo hace de página a página, de (literalmente) viñeta a viñeta. Es como si Goscinny y Uderzo tuviesen montado un campamento de campaña en la sangría, en el parpadeo en blanco entre las viñetas y manipulasen las imágenes y las ideas directamente.

A toda velocidad avanzamos desde una suerte de realismo hacia la caricatura más salvaje. Juan Pistola es nada más abrir el tebeo un joven aventurero y apuesto, y en mitad del asunto se ha convertido en un desgarbado zangolotino, perdiendo la apostura juvenil en favor de un cuerpo de chicle. Y entonces Uderzo y Goscinny se lo piensan mejor y entonces Juan comienza a mutar hacia un aspecto cada vez más juvenil y fresco, con un poco del Johan de Peyo, pero interpretado por el lápiz fulminante y jovial de Uderzo. La nariz le crece y le mengua, las pecas a parecen y desaparece, la estatura es variable… A partir de “Juan Pistola y el espía” la cosa se estabiliza, el personaje y su mundo ya han pasado la adolescencia y sus autores se siente cómodos y seguros juntos. Este y el siguiente álbum, “Juan Pistola en América” (que a su vez anuncia a Umpah-Pah en escenario y humor), son las obras cumbre del momento, a mediados de los 50, aunque este sea un tanto plano, con Uderzo concentrado en la expresividad de las figuras y desentendido de los fondos.

El personaje y su mundo hablan de la fascinación de Goscinny por el imaginario americano, por las películas de piratas, más que por cualquier realidad de la piratería, por el territorio americano, una imaginario colectivo tan personal como sería en un futuro el de Sergio Leone, que exploraría a lo largo de la década de los 50 sin, también como Leone, abandonar o renunciar al localismo rampante, a la francesidad mundana.

En Juan Pistola está, en potencia y desarrollado en fases, el magisterio de Goscinny como escrito y de Uderzo como dibujante: la caricatura amable, repleta de anacronismos, juegos de palabras y gags de distinto desarrollo, la dinámica expresividad, la entrañable caracterización, la riqueza de escenarios… Estos álbumes. Contienen ya , sin pulir hasta la perfección, la mixtura de aventuras, comedia, ternura y personajes memorables que Goscinny y Uderzo legarán en sus siguientes obras, tocando el cielo en ese Asterix, irreductible hasta la muerte de Goscinny. Pero, a la vez, se sostienen por sí mismos. No son sofisticados, como serán, ni geniales, como serán, pero si presentan el trabajo de dos autores en plena vorágine de las escuelas franco-belgas, capaces de sobresalir en ella, de agitarla, divertidos.

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Esta entrada fue publicada en 19 May 2015 por en BD, Goscinny y Uderzo, Juan Pistola y etiquetada con , , , , , , , , , .
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