El hombre dibujado

la esbilla entintada

La voz del murciélago: Batman Detective (1 al 3)

Publicadas íntegras en Ultramundo: http://cineultramundo.blogspot.com.es/search/label/Paul%20Dini

Tomo 1

Paul Dini ya había ascendido a los cielos comiqueros mucho antes de haber escrito ningún cómic. Ni siquiera hubiese necesitado escribir ninguno jamás y así y todo seguiría siendo una de las personalidades más importantes de los últimos veinte años en el medio. Junto a Bruce Timm, animador y dibujante, creó en 1992 la serie “Batman: The Animated Series” y, bueno, los dibujos animados crecieron unos cuantos centímetros.

Aquel serial, pues ese era su espíritu, sintetizaba y a la vez superaba sus referentes en una reinterpretación noir y art dèco de la mitología más atemporal del murciélago. Lo hacía sin perder, todo lo contrario, su aire de cartoon que remitía al Superman de los Estudios Fleischer. Era, en definitiva, una obra maestra estética y narrativa. Su veintitantos minutos equivalían a veintitantas páginas ejemplarmente aprovechadas, las caracterizaciones de Batman, Robin y su galería de villanos y aliados, alcanzaban el grado de la perfección y la escenografía envolvía los relatos siendo una con los mismos.

Dini y Timm incluso crearon allí una serie de personajes que luego se trasladaría a la página, como la policía (y futura Question) Renee Montoya o esa irresistible grupie del Joker que es Harley Quinn. Ella sería la protagonista de “Amor Loco”, el tebeo que les valdría a Timm y Dini un Eisner en 1994 y un verdadero clásico de todo antología del murciélago. Podían haberlo dejado ahí y nadie les hubiese dicho nada. Sobre su legado y obra la DC/Warner ha levantado una admirable sección de animación, mucho más coherente que la de imagen real, y su influjo es patente en obras clave como el “New Frontier” de Darwyn Cooke, la “Catwoman” de Brubaker y Cooke, el “Daredevil” de Waid y Samnee o incluso en la “Wonder Woman” de Azzarello y Chiang, amén de que la personal estética de Timm provocó la irrupción hasta el presente de toda una escuela de dibujantes cartoonesque, de trazo ágil y elegante y narrativa cristalina y creativa.

Dini se convirtió en la serie en un maestro del relato corto y tal vez eso no era lo más apropiado para una edad del cómic donde se han ido imponiendo los novelistas… o los showrunners de televisión. El guionista parece encontrase más cómodo en el terreno clásico de las veinticuatro páginas, en el lenguaje/espacio puro del comic-book norteamericano de superhéroes. Quizás sea porque en realidad ya ha escrito su gran historia, aunque lo hiciese para la tele y no para la viñeta. Por eso, cuando Dini escribe algún tebeo da la impresión de hacerlo sin el peso de la responsabilidad, como si por su parte ya hubiese cumplido y (con razón) no tuviese nada que demostrar.

Cuando se hizo cargo de la cabecera de “Detective Comics” en 2006 lo que hizo, básicamente, fue volver a las veinticuatro páginas. Algo que no estaba demasiado alejado de lo que Grant Morrison hacía por su parte en la cabecera gemela, pese a que este opera en escala cósmica y Paul Dini prefiere dimensiones más mundanas. Había también otras similitudes entre el trabajo de ambos, ya que no pretenden otra cosa que recuperara para el medio del hoy (y el lector de hoy) sus Batman predilectos. Algo por otra parte compartido con la práctica totalidad de escritores de cómic que han tocado al murciélago. Lo que ocurre es que esta práctica mayoría redunda en el Batman post-Frank Miller, el amargado sociópata militarizado de los 90 en adelante. La imagen estándar, grave, oscura…

Así, mientras Morrison busca a su Batman en los lugares más psicodélicos del continuo del personaje, pretendiendo traer de vuelta sus alucinaciones infantiles reconstruidas en  un Batman art-pop, Paul Dini se remite al Batman detective de los 70 y primeros 80, también como en el caso de Morrison pre-Crisis. Si la base de su trabajo en la serie animada se encontraba en las obras y estéticas de los 40/50, ahora la busca en los trabajos de Dennis O’Neil y Neal Adams o la nunca suficientemente valorada etapa de Steve Englehart y Marshall Rogers, sin duda una de las representaciones estáticas más brillantes del personaje. Pero también en otros “Batman” que parecen no contar, como los Frank Robbins, Bob Haney o Gerry Conway junto a dibujantes como Jim Aparo, Dick Giordano, Don Newton o el gran Gene Colan. Dini y Morrison vienen a decir lo mismo: que la iconosfera de Batman no se agota en unas coordenadas, que no hay un Batman definitivo, sino muchos igual de definitivos.

Dini, en su etapa en “Detective Comics” de la cual este primer tomo nos ofrece seis entregas (una guionizada por Royal McGraw) busca no solo replicar aquel modo de contar del cómic de una época determinada, sino (de nuevo como Grant Morrison) comprobar si este es aun válido para el medio de hoy, contaminado para bien y para mal de estrategias narrativas procedentes de otros muchos medios. De momento el resultado es positivo. Cada número funciona por sí mismo y ofrece una lectura completa y satisfactoria (compárese lo que se tarda en leer cualquiera de sus números en relación a una entrega cualquiera de una serie regular cualquiera) pero un tanto dependiente para su efecto completo de la mano de una artista adecuado. Por ejemplo, el espantoso dibujo noventas de Joe Benítez no tiene nada que ver con la atmósfera de la serie, el barroco diseño de página de J. H. Williams III, brillante en sí mismo, está un tanto por encima de la limpieza del guión sin terminar así de ser apropiado. Don Kramer, quien se ocupa de tres de los seis, si lo es. Algo discutible en algunos aspectos, dibuja, en cambio, a un gran Batman, uno atemporal, de escuela Neal Adams pero con un tipo de iluminación más contemporánea. Su trazo elegante queda (¡sy!) deslucido por un entintado algo grueso y sobre todo por un color plasticoso, que hace parecer a las figuras más rígidas de lo que en realidad son, en especial en las expresiones.

En conjunto, esta etapa de “Detective Comics” que ahora comienza es una de esas para recomendar a quien quiera empezar. No hay continuidad engorrosa, no hay macrosagas en marcha ni cruces absurdos. Todo lo que tienes que saber te lo cuentan las viñetas que lleva dentro. Tampoco, pese a existir, pesan los excesos teóricos, no es un ensayo con formato de cómic de superhéroes, tan solo (y mira que es difícil) buenas historias bien contadas en un formato en extinción; y alguna de ellas, como la navideña “Masacre sobre ruedas”, hasta son una maravilla

Tomo 2

Paul Dini le contaba a Kevin Smith en el divertido podcast de este, “Fatman on Batman”, como los villanos de Gotham habían convertido en crimen en performance. Dini explicaba que hay en ellos un sentido único del arte y la teatralidad que bien puede hacerse extensivo al propio Batman: todo es puesta en escena del acto, tanto villanesco como heroico.

Por allí conectó Christopher Nolan para su “Batman Begins”, que gravita sobre las máscaras, los fingimientos, lo operístico y la puesta en escena…y la verdad (melo)dramática tras todo ello. Dini ya había articulado todo esto, de un modo menos tremendista en las fantásticas series sobre televisivas sobre el murciélago.

No es de extrañar, así,  que los arcos principales de este segundo tomo profundicen en esa veta, que tiene además un algo de reflexivo y metatextual. Por un lado, Dini recupera al personaje de Scarface, la maléfica marioneta que crease Alan Grant para su infravalorada etapa en la cabecera del murciélago y lo dota de un nuevo acompañante: una mujer con cuerpo de Pin-Up y el rostro marcado. A su vez estos nuevos reyes del hampa de novela barata conducen, en un estupendo número, a su personaje fetiche de Harley Quinn, asentándose en el rol de antiheroina en lo que un remedo de los “Team-Up” de la década de los 70, esa a la que, como ya comenté en la reseña del tomo anterior, Paul Dini reelabora en múltiples sentidos en su etapa en “Detective Comics”.

Por el otro, y llevando a la historieta esa idea de la performance, une dos hilos secundarios de números anteriores -el mago Loxias y un maltrecho Joker tras su encuentro navideño con Robin- para a partir de ellos plantear un relato en dos números, otro “Team-Up” junto a Zatana, sobre máscaras, fingimientos, lo operístico, la puesta en escena… y todo eso, incluida cierta verdad y algo de melodrama al estilo del comic-book norteamericano clásico.

Ambas cuentan con el sólido arte de Don Kramer, con su Batman viril y rotundo, muy setentas, y también con sus problemas con los rostros y demás que, por fortuna, son cada vez más puntuales, subsanados mediante un punto más cartoon en las expresiones que casan a la perfección con el tono de la serie. Eso no es suficiente, en todo caso, para que al menos yo, lea estos números cada vez mejores con ese pequeño ¡ay…! que hace pensar en lo memorable que hubiesen sido con el arte de Bruce Timm para completarlos. Las dos hacen dignas sustituciones (pésimo dibujo aparte) que completan el tomo sirven es para darse cuenta de la ausencia de Dini, de los intangibles que el escritor aporta. Engrandecen un trabajo que, hecho por él, parece sencillo. Todo porque Paul Dini posee algo (o conoce algo) que pocos guionistas son capaces de lograr: la voz de Batman.

Tomo 3

En un mundo tendente a la polarización, a los extremos irreconciliables donde al parece no pueden convivir –no hablemos de compartir más de lo aparente- el vigilantismo angustiado de Frank Miller y la psicodelia totalizadora de Gran Morrison, la presencia de Paul Dini es tan necesaria como el beber. Dini es el silencio en mitad del ruido, el ojo del huracán, donde Neil Young canta que siempre hay calma. Es el consenso, el justo medio aristotélico.

Desde luego su muy disfrutable etapa en la cabecera de “Detective Comics” no orbita en el mismo lugar que su “Batman TAS”; seguramente porque eso es imposible. Nadie puede ser sublime sin interrupción, por mucho empeño que pusiese Baudelaire, y Paul Dini (junto a Bruce Timm en perfecto equipo) quizás ya gastó sus mejores historias en aquellas series que son de las pocas cosas a las cuales eso de “Obra Maestra” no les viene grande, sino justo.

Consciente de que su fase de definir al personaje y a su universo, ese dar su versión rotunda que todos los autores de fuste que han pasado por el mismo han sentido –piensen en las reivindicables etapas de Alan Grant/ Norm Breyfogle o Mike W. Barr/Alan Davis, incluso el paso de Peter Milligan que aquí regresa con un número esotérico que conecta con su propio pasado en la cabecera, y vean que ellos también proponen un Gotham y un murciélago singulares-, ya fue cumplida de modo más que sobrado, Dini se dedica a, simplemente, contar buenas historias: escribir tebeos que merezcan la pena ser leídos.

Si con “Batman TAS” su acercamiento tenía una voluntad perdurable, con “Detective Comics” recupera el gusto efímero del comic-book. No quiere esto decir que el guionista no agite un poco las cosas, ni que no intente buscar lugares de posible originalidad, e incluso redefinir a algunos personajes o hasta facturar alguno nuevo; sino que es consciente de que nada de lo que haga en su rincón del “Universo DC” (o del “Universo Batman”, que es sólido en sí mismo) va a perdurar, o a afectar a una continuidad que pasado mañana se reformulará. Su posición dentro de la DC es muy distinta al que tenía dentro de Warner, donde en virtud de un éxito formidable, decidía el rumbo de un mundo que era, en gran medida ya que lo compartía con Timm, personal.

Para este tercer tomo Dini resuelve algunas de las tramas plantadas en los anteriores números y explora en mayor profundidad la relación entre Batman y Zatanna. La dinámica entre ambos héroes prorroga el gusto por aquellos “Team-Up” de los 70 y primeros 80 (como en cierto modo lo hizo su rivalidad detectivesca con El Acertijo) mientras dialoga con las heridas de una serie tan antisuperheróica y miserable como “Identity Crisis” para sanarlas en bien de, bueno…los cómics y sus maravillosos personajes. A la elegancia narrativa y el compromiso ético, le acompaña la aparición, continuada y consistente, de un dibujante que traduce con brío y personalidad propia los guiones de Dini: Dustin Nguyen. Su estilo cartoonesque y adespreocupado casa con lo que Dini plantea mejor que el de Don Kramer y, desde luego, que cualquiera de sus sustitutos. Los cinco números de los que aquí se ocupa (Es decir, todos) son cada uno mejor que el anterior en términos gráficos y narrativos, lo cual permite apreciar a un artista asentándose en el mundo y el material que tiene entre manos. Gotham toma una forma diferente en sus lápices, más seductora y extraña, reminiscente del sincretismo estético de Bruce Timm, si bien las técnicas/estilos de ambos son muy diferentes, y alejada de la sobriedad urbana y clásica de Kramer. Su manejo de la atmósfera es brillante, con un gran uso de las sombras y los efectos de la luz, y su “Batman” recuerda, felizmente, al de Mike Mignola: anguloso, esquemático, dinámico…expresivo con pocas líneas. Un Batman formidable para unos números que siempre apetece leer.

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4 comentarios el “La voz del murciélago: Batman Detective (1 al 3)

  1. Mr. X
    29 Abr 2015

    “mientras dialoga con las heridas de una serie tan antisuperheróica y miserable como “Identity Crisis”

    ¡Y aquí aplaudo!

    • adrián esbilla
      29 Abr 2015

      Me parece un tebeo abyecto. Me da asco.

      • John Space
        29 Abr 2015

        !P-pero si yo volví a leer pijamas gracias a ese cómic! !Ése y Civil War! (Y no es broma; Dios mío, no es broma…)

      • adrián esbilla
        29 Abr 2015

        Un tebeo enfermizo…

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