El hombre dibujado

la esbilla entintada

Y nada en el medio: Caballero Luna

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Alan Moore cuenta en In Search of Steve Ditko,  reportaje para la BBC realizado por Jonathan Ross en 2007, una anécdota de Marv Wolfman,mítico guionista de los 70 y primeros 80, en relación a Ditko y a su personaje del justiciero objetivista Mr. A. Wolfman había logrado conocer a Ditko, ya por entonces autorrecluido, y tras lo que había sido una agradable visita el dibujante cogió una pequeña tarjeta en blando, trazó una línea a la mitad y coloreó una de las partes con el lápiz y le dijo a Wolfman: “Mira. Está el blanco y está el negro. Y no hay nada entre ambos”.

Ditko había creado a Mr. A en 1967 en la revista independiente Witzen como una profundización en su filosofía randiana, una versión hardcore respecto a “The Question”, otro justiciero objetivista nacido el mismo año dentro de la Charlton. La naturaleza salvaje, ultrareaccionaria e hiperindividualista de aquellos personajes, llevada al paroxismo en Mr. A, eran absolutamente subversivos en las puertas del verano del amor, la psicodelia y los inicios de las protestas anti-Vietnam o a favor de los derechos civiles.

El estilizado aspecto del Caballero Luna de Warren Ellis y Declan Shalvey, su traje de tres piezas y su cara blanca, impenetrable, impoluta en mitad de un universo negro donde los criminales pagan sin rodeos, parece una reminiscencia de aquel Mr.A: un hombre trajeado, con sombrero de ala corta y rostro de estatua; siempre blanco en un mundo negro.

Ellis propone en seis entregas autoconclusivas, donde la primera y la última riman, una versión al hueso del Caballero Luna. Un cómic minimalista y estoico, expeditivo y elíptico, realizado en base a quitar todos los elementos como sean posibles, llegando a prescindir durante páginas de bocadillos y cuadros de texto. Hasta los títulos se componen de una sola palabra: todo es economía en este tebeo, como si así integrase su naturaleza B, nació como poca disimulada versión del Batman de Dennis O’Neil y Neil Adams e los 70,  y sus extraños precedentes (posibles) sin ponerse por encima de los mismos. La impresión es la de que, paradoja al canto, es un tebeo muy pensado y a la vez muy urgente. Es decir, que a Ellis le ha llevado un verdadero esfuerzo plantearlo y reducirlo todo a algo tan básico y simple, pero que tras esa previa lo ha ejecutado sin pensar: esto, esto, esto.  No hay nada accesorio, no hay distracciones ni adornos. Y el dibujo de Shalvey  responde a los mismo parámetros: minucioso al extremo en el planteamiento, en el donde va a ir todo, pero muy visceral en el volcado. El resultado es sintético y crudo, más que estilizado o elíptico, articulado por la formidable narrativa de Shalvey y el dramático, expresivo, color de Jordie Bellaire.mejorescomic05

La mitología del Caballero Luna, sin embargo, permanece, como una ominosa fantasmagoría del pasado, de la iteración que siempre atenaza a los héroes (o antihéroes) del cómic. Warren Ellis compendia realismo áspero, extrañamiento y psicodelia,  sintoniza con su propia Global Frecuency, integra cierto halo del thriller surcoreano y de polar al tiempo que parece reelaborar Holy Motors –la noche, las personalidades múltiples, la mutación, la actuación, la limusina….- a partir de un personaje que se presta a la absorción de referentes. Los referentes son, en este caso, una síntesis del relato de acción y sus espacios, casi un paisaje del género reducido a sus clichés y señas más inmediatas conseguido mediante la aplicación narrativa de un anti-decompressive storytelling; es decir, Ellis desandando su propio camino, o buscando otro distinto.

Y sobre todo ello, gravitando, esa clave del vigilantismo. Ese mismo que había resucitado en el tebeo de los 80 con el propio Question, fantásticamente renovado por Dennis O’Neil y Denys Cowan o aquel, más oscuro, más tortuoso, más Ditko, “Vigilante”. No por casualidad creado por Marv Wolfman y donde Alan Moore escribió dos memorables números. Ese mismo, también, que hoy es tratado en películas como Driver (citada estéticamente), The Equalizer o John Wick, donde el imparable hombre solitario reaparece como bastión final de una sociedad en estado de derrumbe. Donde está el bien, está el mal y no hay nada entre medias. O tal vez, sí, tal vez el Caballero Luna.

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