El hombre dibujado

la esbilla entintada

Pero el negocio lo es más: Batwoman. La sangre es espesa

Publicada íntegra en Ultramundo

Batwoman La Sangre es Espesa J.H. Williams III W Haden Blackman Trevor McCarthy Francesco Francavilla (5)

(…) Williams III convirtió una serie de prueba en un título de culto, perfectamente establecido en una parcela del mercado. Entonces DC pensó que quizás pudiesen aspirar a un target mayor. Pese al enorme revuelo armado en su momento por el hecho de la boda homosexual de Kate Kane el tema no era ese. La homosexualidad, establecida desde el principio, estaba fuera de esa ecuación. El matrimonio, en cambio, suponía un cambio de status para el personaje en el cual la DC no tenía interés.

Tampoco, mucho menos, muchísimo menos, lo tenía en el hecho de que Batwoman se alejaba más y más de Universo DC y se hundía, sumergía por usar una imagen recurrente de la serie, en lo que podríamos llamar Williamsverso. Los personajes centrales o eran nuevos, creados ex profeso, o eran rescates de antiguas series realizadas por el artista, como la muy apreciable Chase, la cual encontraba aquí la continuación que no tuvo en su momento. Batwoman era cada vez más una serie independiente, como lo es La Wonder Woman de Brian Azzarello y Cliff Chiang o en Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja en Marvel, con la diferencia de que estas vende, mucho más y eso le permite tal independencia, unido al hecho de que ambas dataron su existencia desde un principio. DC, en cambio, opinaba que el personaje tenía mayor potencial comercial y quería verlo interactuar fuera de su burbuja ocultista y extraña. Quería una superheroína para todos los públicos y no una secreta. Batwoman sigue existiendo. Kate Kane también. Pero ya no son estas. Ninguna de las dos. Van a otros lugares y yo, la verdad, no voy a seguirlas cuando antes lo hubiese hecho sin pensar.

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Con brutalidad empresarial DC le recordó a Williams III a quien pertenecía en realidad el personaje y le enseñó la puerta. El personaje quedaba rápidamente en manos de Marc Andreyko, un apreciable guionista con otra serie femenina a sus espaldas como la reivindicable Manhunter. No cabe duda, entonces, de que Andreyko se las arreglará para escribir un buen tebeo, el personaje es magnífico, su iconografía no se malgasta tan fácilmente… Williams III está centrado en Sandman. Obertura y se deja cortejar por Brian Michael Bendis y W. Haden Blackman se ha llevado la iconografía onírica a Elektra donde Mike Del Mundo la traduce en hipnóticos dibujos de intrincada belleza y  la Batwoman de J.H. Williams III ya no existe: ha dejado paso a la Batwoman de la DC.

La sangre es espesa, tiene en si mismo un carácter agridulce. Supone un reacomodamiento de la serie después de ese punto álgido, en especial en su despliegue artístico, que fue Mareas de sangre y su lectura tiene algo de transitorio. Y con ello de doloroso. Trevor McCarthy realiza una formidable sustitución a los lápices, miemtizando en lo posible el trazo de Williams III y su compleja diagramación, mientras la historia se está restableciendo, tirando de los hilos sueltos dejados en los números anteriores, que ahora comienzan a crecer en forma de nuevas vías e intrigas. Una nueva macrohistoria toma forma con las maquinaciones del DEO para terminar con Batman y la decisión de Kate Kane de ir a por el murciélago para intentar traer de vuelta a su hermana, Alicia perdida al otro lado del espejo. La oscuridad, como se ve, no para de extenderse. (…) LEER 

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