El hombre dibujado

la esbilla entintada

Paisaje sentimental americano: Predicador

Publicado en MAS 24

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“Hijo, tienes que ser de los buenos, porque ya hay demasiados malos”, le dice su padre a Jesse Custer cuando todavía es un niño; y eso es lo que hace. A su manera.  La sentencia sintetiza la dimensión ética, de western, que Garth Ennis imprime a Predicador, su obra maestra, el tebeo que todo buen autor de las islas parecía tener derecho a hacer en la Vertigo de los 90.

De western, decía, porque eso es Predicador por debajo (y por encima) de su barroco festival de atrocidades, de humor grotesco, de burla cruel sacada del capítulo más salvaje imaginado y jamás emitido de La pareja basura (Rik Mayall que estás en los cielos). Esta es la historia, parafraseando a Anthony Mann, de un tipo que dice que va ha hacer algo, y lo hace. Y una de las cosas que dice es que buscará a Dios, y que cuando le pille más vale que tenga una buena excusa. Suena igual que aquello que regurgitaba Daniel Auteuil en MR73 de que “Dios es un hijo de puta y algún día lo voy a matar”.

preacher1Un tipo duro y sentimental, un texano con un par de puños y el poder de la palabra en su garganta. También es la historia de de su novia Tulip, que es igual de dura e igual de sentimental y de, bueno, de un vampiro irlandés borracho, pícaro y tierno, pero también terrible y melancólico. Una historia de amistad y amor, de traición y pasado, de fe y de cagarse en Dios, sobre lo que deben de hacer los hombres y lo que no. Un western entre demonios, sectas, pervertidos,freaks, paletos y good old boys de canción de Randy Newman, espíritus deJohn Wayne y un santo asesino imparable… donde un mantra resume toda su extensión: “Si traicionas a un amigo ya puedes ir a apuntarte a la fila de los gilipollas, porque estás muerto”.

Es, también, un gran homenaje por parte de Ennis al imaginario norteamericano mítico, a sus espacios, violentados por lo fantástico y lo aberrante pero impasibles ante ello, conscientes de que tras el vendaval permanecerán, y sus arquetipos. Una mitopoética releída con una sensibilidad (bruta y en bruto) que sintetiza cinismo y estoicismo, donde cada frase es un sentencia que resume una manera de conducirse en el mundo por parte de estos personajes, a su modo, épicos. Jesse y Tulip parecen ser para Ennis los últimos de entre los buenos en mitad de un mundo decadente, de valores degradados o líquidos, y su irreverencia proviene de su individualismo feroz, su autoconfianza y su apego a la tradición, moldeada, eso sí, a su particular manera: a medida.

Para contar su viaje  el guionista norirlandés se apoya en el estilo sencillo de Steve Dillon, dibujante limitado pero consciente de ello, que se amolda a la perfección a la narrativa muy clásica y limpia de Garth Ennis. Dillon se concentra en la caracterización y expresividad de los personajes, con una composición de página funcional, sin distracciones de estilo que según avanza la serie va cayendo (ay) en ciertos excesos esquemáticos, más que una depuración formal alcanzada, y de modo magistral, mucho antes con arcos estremecedores como ‘Hasta el fin del mundo’.

Con apariciones de otros dibujantes solo en la series paralelas, caso de Carlos Ezquerra en ‘El Santo de los Asesinos’, la homogeneidad que otorgan el arte de Dillon (y las portadas de Glenn Fabry) diferencian Predicador entre otros esfuerzos mayúsculos del periodo como el Sandman de Neil Gaiman o Los Invisibles de Grant Morrison, marcadas, a veces para bien, por lo general para mal, por la indefinición estética. Aquí, en cambio, los rostros de Jesse, Tulip y Cassidy son los mismos del primer al último número, los vemos cambiar de modo natural, madurar y eso nos los hace cercanos, nos conecta a ellos de una manera directa.

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2 comentarios el “Paisaje sentimental americano: Predicador

  1. John Space
    20 Oct 2014

    Por desgracia, John Wayne hizo todo lo posible para que no le enviaran al frente, lo cual hace la presencia de su espíritu en el libro una anomalía, sobre todo tratándose de un guionista fascinado por los soldados y los vaqueros.
    En cualquier caso, ya un clásico a estas alturas, y en cierto modo precursor de cierta “línea chunga” inglesa o americana (David Lapham y su Dan the Unharmable, por ejemplo).

    • adrián esbilla
      21 Oct 2014

      Pero no era Wayne, hombre, era su persona de ficción. Y esa, era capaz de todo peregrino.

      David Lapham, tengo que decir, se me atragantó. Y luego lo que he leído fuera de Balas perdidas me ha parecido entre mediocre y nefasto.

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