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Miracleman/Marvelman: resolver el crucigrama de Dios

Publicado en Más24

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Marvelman (o Miracleman  desde su edición en los Estados Unidos) comienza como una aventura perdida de los años 50, un tira de Mick Anglo, creador del personaje allá por 1954 como sustitutivo para el público británico respecto a las aventuras del Capitán Marvel norteamericano cuando este, por las presiones de la DC dejó de publicarse en 1953.  El Capitán Marvel, creado en 1933 por C.C. Beck era un héroe de la magia, un todopoderoso superhéroe pionero que se desencadenaba cuando el niño Billy Batson pronunciaba la palabra secreta: ¡Shazam!

Marvelman era en cambio un héroe de la ciencia. Sus poderes cósmicos se desencadenaban al convocar al gran fantasma de la Guerra Fría al revés: Kimota! Entonces el periodista Mike Moran se transformaba en superdios. Y como el Capitán Marvel, no estaba solo. Tenía toda una familia de superpoderosos muchachos sonrientes a su alrededor listos para librar al mundo de cualquier maldad.

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Era la fantasía definitiva de cualquier crío: tener una clave privada que te permitía convertirte en un dios y librarte de todo lo malo del día a día. Aquello era, parafraseando a Grant Morrison en Flex Mentallo, su propio Capitán Marvel/Miracleman, resolver el crucigrama de la creación.

El prólogo de este primer número de Miracleman culmina en una ruptura de la planificación anterior que es, en si misma, la entrada a un estadio diferente: una relación de ocho viñetas de igual tamaños que fingen un travelling hacia el interior del ojo del protagonismo de las mismas convierten la previa luminosidad naif en algo ominosos, siniestro. En las cuatro viñetas de la izquierda aparece un breve extracto de de Así habló Zaratustra, de Friedrich Nietzsche: «Atención…Yo os enseñaré al superhombre: es este relámpago, es esta locura».  El superhombre es un sonriente hombre rubio, perfecto, dibujado con el trazo cartoon y despreocupado del cómic de los 50. Su ojo es el abismo que en unos pocos números nos devolverá la mirada.

Alan Moore reescribe a Marvelman desde la tenebrosa Inglaterra de 1982, no desde la del milagro económico y la salida triunfal de la 2ª Guerra Mundial de mediados de los 50, el alba de la era pop. A la gran decepción del socialismo de finales de los 70 ha seguido el comienzo del reinado de Margaret Thatcher. Alan Moore, en paralelo, ha comenzado a escribir también V de Vendetta. Ambas tendrán trayectorias convulsas, con el guionista recuperándolas en periodos distintos de su carrera. V mantiene la homogeneidad de estilo del lápiz de David Lloyd, en cambio Marvelman no solo vera mutado su nombre a Miracleman, sino que pasará por diversos dibujantes hasta culminar en la esplendorosas manos de John Totleben.

El primer dibujante de Marvelman, al que encontramos al girar esa página que es todo un cambio en la historia del comic, es Gary Leach. Pasamos de las formas redondeadas y amables de Mick Anglo al asfixiante realismo detallista del dibujo inglés de los últimos 70 y primeros 80. Depresivo y oscuro, el arte de Leach nos entrega a Mike Moran alienado.  Un hombre al borde la los cuarenta amargado y triste, asaltado por sueños psicodélicos de dioses perfectos en trajes brillantes… dioses que fracasan y caen  al tierra entre llamas.

Entonces ve atrapado en mitad de una protesta antinuclear que ha ido a cubrir. Unos tipos pretenden asaltar la planta y todo se vuelve violento y confuso. Y se acuerda del sueño de volar, y de la doble M y del crucigrama de la creación: ¡Kimota!. Y es el relámpago. Y es la locura.

He vuelto, dice. A partir de aquí Alan Moore desarrolla con una profundidad estremecedora sus tesis tanto sobre la historia de los cómics, Marvelman tiene como Watchmen una estructura  y una dimensión metalingüística que la convierte en un ensayo sobre la materia, como sobre la filosofía de los superhéroes y su impacto sobre un mundo real. ¿Cómo vivir la vida mundana cuando llevas dentro a un dios? ¿Por qué un dios iba a querer volver a ser humano? ¿Hacia dónde nos llevaría su presencia?… Muy pronto hacía el la mirada del abismo, con la forma del reverso negativo de Marvelman, Kid Marvelman, y a desencadenar el apocalípsis sobre Londres. Destrucción y muerte, infiernos y paraísos, ciencia-ficción y dioses de tebeo tan reales que estremecen.

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Esta entrada fue publicada en 8 Sep 2014 por en 80's, Alan Moore, Marvelman y etiquetada con , , , , , , , , , , .

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