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Muerte y color: La noche más oscura. El universo expandido de los Linterna Verde

Publicada íntegra en Ultramundo

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“La noche más oscura” sintetiza (es un decir) todo lo mejor y todo lo peor que el cómic supeheróico estricto, de raíz clásica, o más bien su reinterpretación de mediados de los 70/primeros 80, puede ofrecer hoy. Es también la materialización más precisa del Geoff Johns de los últimos tiempos, aquel que ha ascendido a la zona donde se toman las decisiones en la DC. Un comic donde todo, todo, es a lo grande, incansable, al galope. Queda lejos su memorable época en Flash, la obra maestra de su producción, y su colaboración junto a James Robinson en la memorable reescritura de la JSA. (LEER)

blackest_night_8(…) “La noche más oscura” rompe los límites de la(s) cabecera(s) de Green Lantern de un modo más invasivo de cómo lo hizo Sinestro Wars. La influencia de los anillos negros, capaces de traes a los muertos, se extiende como una enfermedad hacia otros personajes pero al tiempo está contenida en una serie controlado en ocho entregas con una nueva cabecera: “Blakest Night”

A veces esta parece una respuesta, tardía y personal a todo ese mundo de títulos asociados al título “Marvel Zombies” y en general un aprovechamiento de toda esta temática zombie que anega la cultura popular como una metáfora de un mundo en pleno apocalipsis en cámara lenta, un presente que se arrastra, se pudre y se cae a pedazos donde todos parecemos, simplemente, condenados. Pero en realidad, y sin desmentir esto, “La noche más oscura” ofrece un comentario, impremeditado casi con toda seguridad porque las profundidades metarreferenciales nunca han interesado a un guionista de rías clasicómana como Johns, sobre la naturaleza última de eterno retorno del comic-book de superhéroes, atrapado en ritos de repetición, donde la muerte ha adquirido un significado distinto y en ningún caso permanente. Es curioso que, desde una óptica si muy intencionada, Grant Morrison trate esta temática circular, irrompible, es su Batman Inc. desenlace de la formidable época del guionista en el personaje.

GL #43.final.qxpA este aspecto necrófilo, amplificado por un recurso constante a la ultraviolencia gráfica –no faltan desmembramientos, evisceraciones, cuerpos reventados desde dentro, personajes cortados en dos, tripas, ojos, corazones, sangre de diferentes colores, carne en descomposición, heridas en primer plano…- y una morbosidad erótica francamente perversa e incómoda, centrada en su mayoría en el personaje, perturbador, de William Hand, Mano Negra, el villano de tercera ascendido a catalizador del gran mal, que de acuerdo a la habitual mentalidad de Johns es un castigo de reminiscencias religiosas que demandará de los héroes actos de sacrificio, contrición y redención, que en este caso es la muerte encarnada.12342

En verdad toda esta obsesión necrófilo-truculenta de Johns, que eclosiona en esta serie con enorme fuerza gráfica a lo largo de sus muchísimas páginas, esto es decompressive storytelling aplicado a un desmesurado hiperclímax que no da tregua en su melodramatismo, su violencia y su sordidez, redunda en toda una serie de temas que Johns lleva martilleando sin descanso –la naturaleza/posibilidades/redención del villano/antihéroe rebota sin descanso del Black Adam salido de la JSA al Sinestro de Green Lanter aunque nunca vuelva a alcanzar el dramatismo, profundidad y visceralidad del arco del primero en 52- durante un número de años ya considerable pese a su simplicidad. (LEER)Sin-título-7

(…)“La noche más oscura”, decía al principio, muestra las grandezas y miserias del comic de superhéroes del presente, desde su reciclaje continuo y no siempre bien asimilado ni creativo, hasta su carácter transmedia, que amalgama lenguajes del cine y la televisión  para ofrecer los cómics del ayer con el ritmo y técnica del hoy pasando por esa incómoda fijación con la violencia y la muerte, así como con la resurrección y ejecución incansable de personajes como único golpe de efecto capaz de mantener en marcha la maquinaria y dar una malentendida pátina adulta al medio y al material. Pero también tenemos una escala desmesurada, inabarcable por ningún otro medio y que si además está en manos de un par de dibujantes como Doug Mahnke e Ivan Reis adquiere una capacidad absorbente formidable, que excede su calidad de base.

El estilo duro y detallista de Mahnke y el último jalón del realismo idealista que supone Reis unido al color, mixtura de brillos alucinados y negros ominosos que satura todo el cómic lo hace vibrar, emocionar pese a que uno llegue con la lengua fuera al final de su páginas y si es un lector ya veterano termine con la sensación, rara, de terminar de leer un tebeo de los 90 con dibujantes que saben lo que hacen pero el mismo sentido de lo enfático y con el momento de choque como signo de puntuación.1356602563048

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