El hombre dibujado

la esbilla entintada

Sandman: La historia de mil historias. Capítulo Primero.

Publicado en Ultramundo

Sandman Nº1 Preludios y Nocturnos Neil Gaiman (1)

¿Qué pensarían los lectores de enero de 1989 cuando se encontraban en los estantes de los kioskos y librerías con aquella extraña mirada de ojos glaucos, brillantes, que emergía desde un borrón rasgado enmarcado por unas estanterías llenas de objetos de oscuro simbolismo?

La cabecera decía “The Sandman” pero, claro, aquello no era el Sandman de Kyrby. Aquello ni siquiera parecía un tebeo; desde luego no uno de superhéroes. El interior era algo distinto. No era estilizado y misterioso, perturbador y magnético por igual. Era más bien tosco, extrañamente grotesco y caricaturesco. Había una tensión indefinible pero perceptible entre el texto y las imágenes que forzaba a una lectura sin armonía. Pero así y todo había algo. Sam Keith, que era el dibujante principal, aguantó solo tres números sustituido por Mike 960Dringenberg.  Aquello ajustó un poco más los dos idiomas, pero no del todo, todavía no.

Neil Gaiman era periodista, no escritor de cómics, y la inexperiencia se notaba. Estaba haciéndose con el lenguaje. Pertenecía a aquella invasión británica de mediados y finales de los 80 que desembarcó en el mercado USA para cambiarle la cara desde la periferia. Pero no era Alan Moore que en un solo número, el prodigioso Lección de anatomía reescribía al completo la mitología de La Cosa del Pantano en veinticuatro páginas que sintetizaban metafísica, horror, poesía y arrebato. Gaiman, admirador de Morre recuperó distintos personajes suyos de la época de La Cosa del Pantano, bien creaciones propias como el mago working class John Constantine, bien revisiones de personajes del pasado como los hermanos Cain y Abel en sus casas del Misterio y los Secretos o incluso Etrigan, el fascinante demonio rimador creación también de Jack Kirby.

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Se nota a lo largo de estos primeros números una disonancia interna, unas notas fuera de sitio; armonías chirriantes todavía. Pero también se notan las ideas, porque como escribía Gran Morrison en “Flex Mentallo” la bomba, antes de ser la bomba, fue una idea. Gaiman dedica los primeros números de su historia de las mil historias a familiarizarse con el medio, consigo mismo como escritor y con dos universos al mismo tiempo: el de la DC, mediante la integración de diversos personajes superheróicos –otra vez al modo en el cual Alan Moore lo había hecho en un memorable número de La Cosa del sandman8soundofherwingsPantano en el cual esta interactuaba con una particularmente gélida y divinizada Liga de la Justica-  y el de “The Sandman” que está creando ante nuestros ojos a partir tanto de materiales heredados como de otros originales al completo. (…) LEER

(…) En no pocos aspectos puede leerse esta entrega inicial como la progresiva evolución de un cierto tipo de sensibilidad dentro del comic-book americano que derivará en la creación de Vertigo y todo aquello que Vertigo significó porque cuando llega ese número que todos ya conocemos hoy y que en 1989 debió de ser como una epifanía, cuando llego ese “El sonido de sus alas” si uno lee atentamente sus páginas puede ver Vertigo escrito en ellas justo donde antes se veía DC. Gaiman dialoga en este número con sus números anteriores, otorgando a la destrucción de una de sus reliquias su verdadera liberación. Sueño/Gaiman se libera de su misión original, ganarse una serie en DC, y con esa angustia comienza su propio camino, sin deudas contraídas.

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En “El sonido de sus alas”, de repente, como salida desde no se sabe donde con el aspecto de una risueña chica pálida con un Ank colgado al cuello y una alma sabia y vieja, aparece la magia; la magia de verdad. En un solo número prodigioso “Sandman” se ha convertido en lo que será, en su versión en miniatura, condensada, perfecta. Todas la pieza se alinean, no, más bien se rodean las unas a las otras, abrazándose, mezclándose, permitiendo ver, desde la sencillez cotidiana y el ángulo mundano, subversivo en sí mismo, de unas criaturas-idea, la vastedad estremecedora de su universo.  La chica que se llama Muerte y su hermano Sueño paseándose, charlando y haciendo su trabajo con naturalidad estremecen y emocionan y logran que hasta el dibujo funcione, que la narrativa se vuelva cristalina, despojada y que anuncia una serie histórica, un cambio en el comic norteamericano no solo a nivel artístico, sino a nivel industrial. Y todo con el batir tranquilizador, acogedor, sanador, de la alas de Muerte, quien como ella misma diría más adelante no da tanto medio como su hermano Sueño quien tiene el poder de condenar a una ilusión eterna. LEER COMPLETA

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