El hombre dibujado

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El héroe solar. Una antología

Publicado originalmente en NEVILLE

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Superman apareció en 1938 como un puñetazo de futuro bajo una cabecera que solo podía llamarse Action Comics. Era entonces un héroe dudoso y proactivo, un justiciero de la clase trabajadora que sacaba sus superpuños a pasear a la menor oportunidad. Todavía no se había convertido en el boy-scout del espacio exterior ni en la figura paternal que encarnaba lo mejor de América, tampoco en esa manifestación mutante, quebradiza y traumatizada que somatizaba los muchos miedos de la América post-2ª Gyerra Mundial. Al principio, en las manos de Jerry Siegel y Joe Schuster, un par de muchachos judíos, los Kavalier y Clay originales, todo era más sencillo, más directo y a la vez, paradójicamente, más complicado.Shuster

Realmente no sabían qué clase de artefacto perfecto habían creado mediante una mezcla bruta de Hércules, rabia juvenil y ciencia-ficción barata. Por si fuera poco Superman tenía su alter ego: Clark Kent. Quizás un comentario sobre el mundo real, quizás, o puede que su mensaje para todos: dentro de cualquier tipo corriente puede haber un Superman. Después de todo Siegel y Shuster no eran más que un par de chavales del Bronx y dentro de su cabeza vivía el mayor héroe de todos los tiempos.

Superman era un héroe humano, de manos desnudas y poderes basados en el cuerpo, el aliento, la mirada… un ente orgánico enfrentado al maquinismo, pero también era un héroe futurista, alimentado de energía solar que avanzado el tiempo conoceríamos también en su faceta de supercientífico dedicado a quimeras y arquitecturas  imposibles. Su universo ganó en escala para hacerse, literalmente multiversal. Quizás eso sea lo que más imponga a su escritores, empeñados muchos de ellos en rebajar su poderes a una escala donde pueda resultar vulnerable, sin darse cuenta de que la verdadera escala de Superman es la de los dioses y que cualquier suceso cotidiano en ese mundo de mitos y fantaciencia se convierte por sí mismo en una hazaña prodigiosa. Mientras Batman es un personaje líquido, que se adapta a la forma del género que lo contenga, Superman supermaniza su entorno.

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All-Star Superman (Grant Morrison/Frank Quitely)

Una declaración de amor no ya a un personaje, Superman, sino a la mitología pop del siglo XX que son los cómics de superhéroes. En doce capítulos que son los doce trabajos de Hércules, Morrison presenta una antología del Superman que fue y nunca debió dejar de ser: el héroe solar, épico por ejemplar, dios que quiere ser humano. Además lo hace a través de una mirada al tiempo limpia de cinismo y llena de posmodernidad, deslumbrada pero consciente, lo cual permite desbordar sentido de la maravilla, humor y capas metaliterarias que nunca entorpecen lo primario, en el sentido de esencial, de un conjunto que evoca a la clásica historia de 1962 The Last Days of Superman (Edmond Hamilton/Curt Swan). Encima el dibujo de Frank Quitely es un prodigio y su limpísima diagramación, un ejemplo. Melancolía tebeística y cultural que es como el Smile de los Beach Boys: una sinfonía adolescente para Dios.

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¿Qué ocurrió con el hombre del mañana? (Alan Moore/ Curt Swann)

Alan Moore recoge el encargo por parte de DC de despedir los restos de la Edad de Plata y entrega el funeral más emocionante de la historia de los tebeos superheróicos (al menos hasta el All-Star). Obra recapitulativa y con entidad propia al tiempo, mágica desde el maravilloso título hasta el guiño final. El dibujo retro ya entonces de veterano Curt Swann, entintado por George Pérez encima, despide también un paradigma representativo no solo del personaje sino del comic-book USA otorgándole a su físico y en especial a su rostro una serenidad casi fordiana.

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What’s So Funny About Truth, Justice & the American Way? (Joe Kelly/Doug Mahnke y Lee Bermejo)

Con los comics de The Authority creados por Warren Ellis y continuados por Mark Millar en los alto de su popularidad e impacto social Joe Kelly lanza desde la cabecera totémica de Action Comics una contra-sátira demoledora con el fin de demostrar porque Superman es eterno y conceptos como The Authority desechables. Para ello monta un trasunto llamada La Élite, británicos, arrogantes y ultraviolentos, que sintetiza los peores vicios de una forma de entender el cómic superheroicos que, básicamente, desprecia, cuando no odia, los arquetipos que está manipulando. Frente a ellos Superman, un arquetipo perfecto, al tiempo maleable e indestructible, adaptable a cualquier tiempo y sensibilidad si se lo trata con respeto, cariño y talento.

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Para todas las estaciones (Jeph Loeb/Tim Sale)

El Superman country, visiones de Norman Rockwell y una narrativa minimalista para una emotividad máxima. Loeb junto a Sale es otro guionista, uno que se pone a ciegas al servicio de la sensibilidad y el talento plástico de su dibujante. Un cómic de grandes viñetas, de espacios americanos, sentimientos claros y ética de western que plasma a la perfección una espacie de no-lugar, detenido entre el pasado y el futuro que son los cómics de superhéroes. Kansas contra Metrópolis, la sencillez moral contra la complejidad del mundo moderno y Superman, Clark Kent, en mitad de ambos, decidiendo.

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Superman regresa a Krypton (Al Plastino)

1949, Superman #61, en mitad de un pelea rutinaria contra un mentalista farsante nuestro héroe se siente desfallecer. La clave está en la piedra preciosa verde del ridículo turbante del malhechor, una pieza procedente de unos meteoritos… ¿Qué hará Superman? Pues en sus propias palabras: “Empezando desde aquí y viajando hacia atrás en el tiempo, seguiré el curso del meteorito ¡Hasta su lugar de origen!” El comic de superhéroes en su esplendor absurdo, un héroe tan poderoso que la lógica se comba a placer, el imperio de la maravilla. Solo dos páginas hacen falta para condensar los últimos días de Krypton y para que Superman descubra su verdadero origen, asintiendo perplejo al lanzamiento de una cápsula que contiene un bebe. Una visión del pasado espectral, extraña y dramática a la cual Siegel regresará en 1960 en otra historia de igual título, que servirá para que Alan Moore la extienda en su formidable Para el hombre que lo tenía todo o para que John Byrne la remakee en 1988 con dibujos del gran Mike Mignola.

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Action Comics #8 (Jerry Siegel/Joe Shuster)

Una de las cumbres de la manera directa y sin miramientos con la que Superman se conducía durante los 30. Harto de zurrar a gangsters y explotadores de tres al cuarto se fija en la manera en la cual estos explotan a los muchachos de los barrios bajos quienes en realidad son unos buenos chicos sin oportunidades para otra cosa que la delincuencia a pequeña escala. Superman determina con su superintuición que el ambiente donde crecen perpetua su situación de desamparo y tras haber leído que el gobierno construirá casa protegidas en el lugar de un ciclón decide obrar en consecuencia: arrasa el barrio.

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Astro City # 1 En sueños (Kurt Busiek/Brent Anderson)

Quizás de entre todos los Supermanes paralelos que surgieron durante los 90 y primeros 2000, cuando más difícil se puso escribir al personaje auténtico debido al temor reverencial hacia el mismo compartido por ejecutivos, editores y guionista, el Supreme que reinventó Alan Moore sea el más inteligente; pero desde luego El Samaritano de Busiek es el más hermoso. Astro City, su propia historia compilada de los superhéroes se inauguró en 1999 con un número que definía las intenciones de Busiek y Anderson: su belleza y su poder evocador radicaban en su simplicidad. Todo el tebeo se dedica a un día en la vida de El Samaritano, ocupado en mil y un trabajos que cuando al fin puede dormir sueña que vuela. Por si fuera poco el sexto número ofrecía un tropo de idéntica pureza: la accidentada cita entre El Samaritano y Victoria Alada, la contrapartida de Wonder Woman, mostraba como los conceptos más básicos ofrecen las conclusiones más complejas y como los actos cotidianos resultan ser para los dioses los que les procuran mayores dificultades.

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JLA Tierra 2 (Grant Morrison/Frank Quitely)

Morrison entendió a finales de los 90 como pocos la necesidad de los superhéroes de retornar a la grandeza, lejos del miserabilismo violentista que se había adueñado del género. Desde entonces lleva trabajando sobre una idea casi monomaníaca de traer de vuelta la Edad de Plata  pero con los recursos del cómic del presente, a la búsqueda de un inestable y fascinante híbrido de lenguajes del pasado y el futuro que pertenezca específicamente a los cómics. La JLA fue su primer intento y uno de los mejores, en especial esta miniserie que enfrentaba la Liga contra su reverso oscura en Tierra 2 donde estos arquetipos perfectos, estos nuevos dioses, son villanos… aunque en realidad es más complicado y grisáceo que todo eso. Morrison se permite así una doble/opuesta/intercambiada encarnación de Superman (y del resto de personajes canónicos), un recurso típico de los cómics de los 50/60, a través del cual plantear diversas ideas sobre el uso de la fuerza, el libre albedrío y la responsabilidad individual y colectiva. Unos números más adelante Superman expone que deben dejar que el ser humano escale su propia montaña, que ellos no pueden subirlo. Flash se pregunta entonces que para qué los necesitan. Para sujetarlos cuando se caen, responde Superman estableciendo un diálogo que va mucho más allá de la viñeta y que, además, sintetiza con elegancia el clásico número de Elliot S. Maggin de 1972 ¿Tiene que existir un Superman? Donde el héroe se interrogaba sobre el intervencionismo y los desequilibrios provocados por su figura.

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Kingdom Come (Mark Waid/Alex Ross)

Los dioses entre nosotros gracias al estilo hiperrealista de Alex Ross y el exhaustivo conocimiento de la mitopoyética de la DC de Waid en la gran serie sobre la regeneración del superhéroe emprendida por la DC para limpiar la década anterior de sus excesos. Un cómic grave, circunspecto y religioso donde los viejos superhéroes regresan de sus retiros más mayestáticos e impresionantes que nunca para en su cualidad de mitos primordiales poner fin a la Edad Oscura (y amoral) del cómic de hombres misteriosos. El Superman canoso, cincuentón y fornido dibujado por Ross pesa sobre cada página con una densidad física y psicológica estremecedora y su brutal batalla contra un Shazam enloquecido refulge y hace temblar con la violencia que supone enfrentar de modo tan cruento a las dos figuras superheróicas más puras.

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What If Superman Ended the War? (Jerry Siegel/Joe Shuster)

El gran cómic de esfuerzo de Guerra, puro agit-porp para la juventud norteamericana fascinada por aquella encarnación de sus valores más primarios que ya había dejado atrás sus tiempos de justiciero popular. En febrero de 1940, Superman protagonizaba en la revista Look un historia corta realizada por Schuster y Siegle titulada  “Cómo terminaría Superman la guerra” (“How Superman would end the war”) en al cual personaje capturaba a Hitler y a Stalin y los entregaba  a la Sociedad de Naciones para que fuesen juzgados. En ella Superman agarraba debajo de cada uno de sus brazos a los dos genocidas y los ponía a buen recaudo, todo por el libro, como un buen ciudadano. “¡Me encantaría arrearte un buen derechazo estrictamente no-ario en la mandíbula, pero no tenemos tiempo para eso. Así que vendrás conmigo a visitar a un amiguito tuyo!”, le soltaba Supermán a un Hitler acojonado al cual sujetaba con una mano antes de largarse a por Stalin.  La ficción subordinaba sus poderes a las demandas inmediatas del mundo real, demostrando su capacidad para cambiar las cosas o al menos moverlas un poco de sitio.

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Superman # 9 Reír y morir en Metrópolis (John Byrne)

Un número perfecto para definir la etapa de reinvención del personaje post-Crisis encargada a un John Byrne como autor completo y fichaje estrella de la DC. Byrne propone historias unitarias que manipulan desde la sensibilidad y la ética (y la estética) de los años 80 conceptos clásicos de la Edad de Plata en un universo en expansión progresiva donde la figura de Superman vuelve a ser nueva, fascinante y desafiante. El número ofrece dos historias especulares que además de continuar redefiniendo al héroe, más viril que nunca gracias al macizo trazo del canadiense, esta vez por oposición a un villano novedoso, el Joker, y un igual en off, Batman. Joker decide visitar Metrópolis para conocer al nuevo superdios alienígena, o de Kansas, que es prácticamente lo mismo, solo para ver sus planes frustrados al instante dándose cuenta de que el hombre del mañana y el murciélago son animales de diferente especie. Cuando Superman le pregunte al Joker por qué ha ido ahora a Metrópolis este le contestará “-¿Por qué no?”. La historia de complemente se centra, en cambio, en Lex Luthor quien ya no es un científico loco sino un empresario despiadado eighties style. Una historia mínima construida mediante sobriedad formal y realismo psicológico donde Luthor le ofrece a una camarera un millón de dólares por un mes de esclavitud solo para abandonarla antes de que pueda responder… La maldad de Luthor, y la de los de su clase, es exacta a la del Joker: gratuita y cruel.

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Superman (Estudios Fleischer)

No es un tebeo, es cierto, pero es una de las encarnaciones definitivas del personaje y una de las injustamente más olvidadas. Producidos entre 1941 y 1942 su poderosa definición estilística todavía se nota en los productos animados de la DC/Warner, en especial a la justamente mítica Batman de Bruce Timm y Paul Dini. El Superman de los Fleischer recuperaba el empuje vibrante y el fulgor futurista del personaje original para otorgarle una textura y una dimensión extra nacida no tanto de la sencillez elíptica y acelerada de unos cortos de apenas diez minutos como de ofrecer una síntesis estética de la vanguardias del Siglo XX donde convergía el futurismo italiano y el constructivismo ruso con el racionalismo y el art dèco. Pocas veces el personaje resultó más pulp que en estos enfrentamientos hipercondensados contra científicos locos, espías infiltrados, misiles y dinosaurios. “Esto parece un trabajo para Superman” Ya saben.

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2 comentarios el “El héroe solar. Una antología

  1. John Space
    12 Jul 2013

    El Supes de Siegel y Shuster era el héroe que el mundo merecía. Había una historia donde al final ponían una lista de clásicos de la literatura, para que los jóvenes descubrieran el valor de ésta, otra en la que impide que un empresario hunda a los EEUU en una crisis económica, otra en la que expresa su deseo de que desaparezcan las armas del mundo…
    Aguardo tu crítica de MoS con paciencia e interés; pero cuidadín con ponerse Waid, ?eh?

    • adrián esbilla
      12 Jul 2013

      Más que nada con paciencia. ando escribiendo un libro y todo lo que veo (o casi) se reduce al contenido del mismo. Tengo una lista de espera macanuda. Entre eso y que lo que he leído tampoco me vuelve loco…

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