El hombre dibujado

la esbilla entintada

La ligereza futura: el Daredevil de Waid, Rivera y Martín

Publicado originalmente en NEVILLE: y-el-diablo-sonrio

Por fin han dejado tranquilo al diablo. Después de casi treinta años de asfixiante atmosfera urbana, negritud, tragedia y catástrofe personal, el diablo sonríe desde la portada de un tebeo. Una sonrisa de Paolo Rivera simplificada, estilizada, relajada…

La recodificación a la que Frank Miller sometió a Daredevil a principios de los 80 -culminada en esa serie portentosa titulada Born Again que, si en el mundo del comic superheróico USA hubiese coherencia, debería haber significado echar el cierre al personaje- llevó al hombre sin miedo a un mundo intensamente noir, algo así como una fusión de Martin Scorsese y Sidney Lumet en la oscura Norteamérica de los 80. Miller convirtió a Matt Murdock en un católico irlandés a la búsqueda de la redención a través del pecado, un creyente vestido de Diablo capaz de llevar la identificación entre el héroe y el villano a un punto de no retorno. Una tortuosidad psicológica explicada de manera insuperable en aquel ya mítico Ruleta; una conversación de Daredevil con un Bullseye paralizado en un hospital, pautada por un revolver que Matt Murdock colocaba alternativamente en la cabeza de uno u otro lado del espejo. El abismo del héroe urbano abolía el colorismo del cómic a favor de una planificación opresiva, en claroscuros morales y estéticos.

Su influjo fue tan intenso y el camino recorrido tan profundo que, con variaciones –la feliz y muy personal etapa escrita por Ann Nocenti y dibujada por un John Romita Jr. en la cumbre de su arte- , la personalidad, ambiente y tono general de la colección quedó señalada como inamovible. Tanto que, tras la desorientación que tuvo lugar (¡ay!) en los 90, venía a ser una reformulación de la etapa original del héroe como un Spiderman de serie b. Durante un puñado de números, hoy fervientemente reivindicados como precedente de la actual etapa, a cargo de Karl Kessel al guión y el interesante Cary Nord a los dibujos, Matt dejó de lado sus traumas, aparcó al demonio interior y se quedó solo con el traje.

Con las ventas, cada vez más bajas, y la atención del lector bajo mínimos, Daredevil revivió de nuevo desde la negrura y el drama, primero de la mano de Kevin Smith y Joe Quesada, que recuperaron la imaginería religiosa y luego, de la mano de Brian Michael Bendis y Alex Maleev, quienes impusieron sobre el personaje un estilo fotorrealista, sórdido y oscuro. Se trata de una era marcada en lo técnico por la imposición del decompressive storytelling y en lo dramático con el coqueteo con la locura, la depresión y el fracaso. Con Bendis, Daredevil se convirtió en un noir psicológico, una pesadilla urbana de acre realismo, con el guionista destruyendo sistemáticamente al personaje, pero al contrario que con Miller, el católico penitente no encontraba la redención: solo una penitencia aún mayor. Matt Murdock era el pecador definitivo.

Ed Brubaker y Michael Lark insistieron en el tono, obligando a Matt Murdock a seguir cavando cuando pensaba que ya había tocado fondo. Cárcel, identidades expuestas, villanos absurdos del pasado tratados con gravedad… más negrura, más ciudad degradada, más mierda que tragar. Tanta que la Marvel se encontró a un Daredevil abocado a la villanía y decidió resolverlo con… magia. No era él, estaba poseído por un demonio. Decididamente aquello no daba más de sí. Se había cavado tan profundo que todo era desorientación, repetición y vacio. Y encima los tebeos eran un horror.

Sin embargo, de un solo golpe, en un solo número y en una sola página, Mark Waid rehabilita a Matt Murdock y le reconcilia con el tebeo de superhéroes. Abre un boquete en las paredes de un universo asfixiante, viciado y le da aire y color al personaje. Le dice que sí, que todavía tiene una oportunidad más para redimirse.

A Waid no se le veía tan suelto desde la magnífica etapa en los 4 Fantásticos, compartida con el desaparecido Mike Wieringo. Y es que este Daredevil presenta una simbiosis prodigiosa entre el guión y el dibujo, entre el guionista Waid y sus ilustradores alternativos Paolo Rivera y Marcos Martín. Tanto que en la maravillosa historia breve Una historia añadida, Waid y Martín aparecen acreditados de manera muy elegante como “narradores”.

Una pequeña historia esta, por cierto, que es un condensado, una decantación de lo que es este nuevo pero clásico Daredevil. No se trata de negar todo lo anterior, sino de que Matt ha decidido cambiar y nosotros vamos a seguir sus intentos por hacerlo. Una declaración de intenciones. Un héroe luminoso para un mundo oscuro, para una época oscura. El diablo esperanzado, dispuesto, otra vez, a dar pelea. Porque esa es una de las claves largamente olvidadas de Daredevil: nunca se rinde. Ni contra si mismo.

Todo está presidido por un dibujo fluido, un aprovechamiento ejemplar de la página y la viñeta y un gusto por la experimentación, expresado en la representación gráfica de los poderes del héroe, el empleo de unas onomatopeyas integradas tanto en el espacio como la narración –un uso este que regresa de maneras muy creativas gracias a artistas como Marín o el Frank Quitely de Batman & Robin- y en una paleta de colores pop, muy distintos al habitual tono oscuro y saturado de efectos hiperrealista de photoshop del presente cómic USA.

El conjunto es tan homogéneo, la sensación completa tan armoniosa que ni siquiera se percibe la alternancia de dos dibujantes de estilos, en realidad, distintos: con mayor uso del negro, los volúmenes y las sombras el de Rivero, y casi de línea clara, descaradamente europeo el de Martín. Y lo mejor de todo es que, al menos en algunas colecciones, parece haber prendido una mecha continuada por Matt Fraction y el genial David Aja, español como Martín, quien se ha incorporado a esta serie tras dejar Daredevil en manos del cartoonesco Chris Samnee, en Ojo de Halcón o por el feliz retorno de Mike Allred al universo Marvel en FF, también con Fraction al guión.

Daredevil y su éxito son, en primero lugar, una buena noticia para el cómic de superhéroes y para el lector adulto de los mismos que encuentra un producto que recuerda a los comics del ayer pero de acuerdo a una modernidad fresca, más cerca de lo atemporal que de la inmediatez que preside la industria hoy. Un oasis en medio de la violencia gratuita, la perversidad cada vez más perturbadora, los héroes enfrentados a los héroes en batallas cruentas en las cuales el concepto mismo de lo superhéroico, de la épica de los superhéroes, ha desaparecido en beneficio de una pulsión adolescente destructiva, que parece un remedo todavía más grotesco de la década de los 90.

Waid, Rivera y Martín abren el número uno de su serie con Daredevil colándose en una boda mafiosa para vencer a un supervillano y besar a la novia, todo en uno. Al fin Matt Murdock vuelve a ser el hombre sin miedo. Sin miedo al miedo porque en mitad de esta realidad de mierda nada hay más desafiante que la sonrisa burlona del no me vencerás.

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6 comentarios el “La ligereza futura: el Daredevil de Waid, Rivera y Martín

  1. John Space
    22 Nov 2012

    Si no fuera por Waid, ahora no estaría leyendo absolutamente ningún cómic Marvel.
    Tendré que catar ese DD de Kesel; su Superboy me entretuvo en su día.

  2. adrián esbilla
    22 Nov 2012

    Yo estoy a la espera de los FF de Fraction y Allred y el Ojo de Halcón de Fraction con el grandísimo David Aja. Eso y pensándome que haré con el Capi cuando llegué el final de Brubaker. Aunque de la DC solo sigo la Wonder Woman de Azzarello y Chiang y el Batman Inc de Morrison, Así que por el estilo.

    PS: Compra Supergods ya. Vale los 30 euros que cuesta.

    • John Space
      22 Nov 2012

      Me dice un amiguete, marvelita de pro, que Fraction es un auténtico fraude y que mejor mantenerse alejado de él. Por si acaso usa pinzas.

      Supergods lo compré hace ya un tiempo, en inglés; una de mis primeras compras por Internet, Morrison bless.

  3. adrián esbilla
    22 Nov 2012

    Su Casanova está muy bien, aunque sea un exploit de Cornelius (y de Morrison) y el Puño e Hierro que hizo en comandita con Brubaker y Aja también me gustó. Pero en todo caso esos tebeos tienen dibujantes de tal personalidad como son Allred y Aja que merecen el riesgo.

  4. De eso, ni más ni menos -que no es poco- va el DD de Waid, sí.

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