El hombre dibujado

la esbilla entintada

Los Batman de todos los colores: una antología

Publicado en NEVILLEel-batman-de-todas-las-eras

*Una de las más formidables características de Batman es su elasticidad. Se estira y se comba tanto que, sin chirridos, abarca todo tipo de enfoques, desde la derivación hard-boiled al retropulp, de la psicodelia atómica al thriller urbano, del lirismo heroico a la parodia bailonga. Y en todos es Batman, y en todos es coherente con su momento y sus autores. De tal modo que el Caballero Osucro parece un genuino habitante del mundo nonsense (involuntario) de la popera serie de la década de los 60 o del universo gotizante y art nuveau de Tim Burton e igualmente responde a todas las obsesiones del cine de Christopher Nolan sobre la disolución de las personalidades y la mecánica del engaño. Integrándose en un estilo conceptual y visual contrapuesto a los anteriores, un superthriller, no por ser superheroico sino por una voluntad al tiempo gargantuesca y psicologista, que lo asimila a aquellos superwesterns de los últimos 50 y primeros 60.

Batman es el héroe anti-heroico. Junto con La Sombra pero de forma mucho más perdurable, es el fino hilo que une los héroes solares americanos, representados en Superman, pero también en Doc Savage, con los sombríos (¿lunares?) de Europa. Batman está cerca de Arsenio Lupin o de Cheri-Bibi, no le importa pasar por villano, a veces de modo trágico, otras voluntario, para acrecentar su figura terrible. Es también el triunfo de la voluntad humana, el superhéroe sin superpoderes, por eso le sienta tan bien el realismo del thriller o el horror psicológico, pero compensa este elemento prosaico con un fondo chamánico poderosísimo. Uno emanado no sólo de su naturaleza nocturna, oscura, también del componente teriomórfico de su presentación: el tótem del murciélago. Y por eso le sientan igual de bien los relatos esotéricos.

Como personaje Batman es una creación arquetípica esencial, la más poderosa del siglo XX, el siglo de la cultura popular. Un rostro de Batman no anula al otro, lo complementa para continuar formando un singular nuevo perfil cubista donde la belleza básica, la simplicidad del héroe vengador, permanece sea cual sea el punto desde el cual lo miramos. Batman los admite todos. Es como la melodía en una canción llena de ruido, si quitas las capas de distorsión esta siempre sigue ahí.

Con la excusa de la llegada inminente de The Dark Knight Rises parece buena idea proponer un paseo antológico (más una “carta libre” especial) a través del bativerso, pero dejando fuera títulos mayores de la batfamiliacomo la memorable dupla de Chuck Dixon, con los enormes Marcos Martín y Javier Pulido a los lápices, formada por Robin Año Uno yBatgirl Año Uno, la seca Lágrimas de sangre, una historia de La cazadorade Greg Rucka y Rick Burchett, la inolvidable etapa de Ed Brubaker al frente Catwoman y la mesmerizante Batwoman de J.H.Williams III. Todos ellos y otros, como alguans de las historias inviduales contenidas en los especiales Black & White, demostraciones de que no solo Batman es un personaje caleidoscópico, su mundo es una construcción paradójica que funciona con una armonía mágica. Donde el héroe individualista y solitario puede tener la mayor familia de los cómics.

No se trata de recrearse en los clásicos, no, no es eso. Resulta retórico referirse de nuevo a la pureza del David Mazzuchelli de Batman Año Uno, ni al crepúsculo de las leyendas de El regreso del Señor de la Noche con el cual Frank Miller reescribió el carácter del personaje para muchos (demasiados) años. Tampoco es necesario señalar el estilizado encantamiento de El Largo Halloween que Jeph Loeb escribió para queTim Sale disfrutase ilustrando, ni la mirada a los abismos mentales del personaje propuestos por las pinturas de Dave McKean y los textos deGrant Morrison entre las paredes de Arkham Asylum, ni mucho menos volver a contar el mejor chiste del Joker jamás contado: la dualidad definitiva de La Broma Asesina. No, estas ya os las sabéis. La intención es mirar un poco alrededor de ellas, quitarle el polvo a algunos clásicos, reivindicar joyas perdidas entre la desmesurada producción dedicada al personaje y, en definitiva, parafraseando aquella historia de John Byrne titulada Las muchas muertes de Batman, darle un vistazo a las muchas vidas (paralelas y tangentes) de Batman:

  Las aventuras de Batman: Amor Loco (Guión: Paul Dini y Bruce Timm / Dibujo: Bruce Timm), 1994

En el muy poco estimulante mundo comiquero de los 90, los tipos que iban por libre siempre se agradecía. Con la DC entregada a la hipérbole y el amarillismo matando y resucitando a Superman entre ventas y partiendo en dos a Batman durante la infameKnightfall, que ahora Nolan parece dispuesto a reescribir y sustituido por un “nuevo Batman” al gusto de unos tiempos oscuros, que no adultos, basados en armas descomunales, dientes apretados, hipertrofia muscular y violencia a todo pasto, era la televisión la que ofrecía la obra maestra del personaje: Batman. La serie Animada. La obra de la vida del gran Bruce Timm, auxiliado por el imprescindible Paul Dini como jefe de guiones. Un manifiesto de amor por el personaje que fusionaba atmosfera de noir de los 40 y estiloso diseño art decó con un estilo cartoon que se miraba en el Superman de los estudios Fleischer, las tiras de Chester Gould y el Batman de Bob Kane. Entre los muchos personajes recreados y creados uno especialmente memorable: Harley Quinn; una desequilibrada psiquiatra enamorada del Joker. Timm (con Dini) desata más de 60 páginas de frenesí, humor esquinado y locura(s) que con un formalismo engañosamente infantilizado propone uno de los más feroces y lúcidos duelos Batman-Joker, parangonable en varios aspectos al de La Broma Asesina y en el cual es, paradójicamente, el Joker quien pierde el temple.____________________________________________________________________

imagesPresa (Guión: Doug Moench / Dibujo: Paul Gulacy), 1990

Injustamente olvidada por lo general cuando se habla de las obras maestras batmaninas, no desmerece, en realidad, a ningún de ellas. Un thriller psicológico al cinematográfico ritmo y estilo gráfico del por entonces excepcional Gulacy, de enorme intensidad y complejidad conceptual al proponer Moench un penetrante discurso sobre las máscaras repleto de esquinas sexuales y recovecos tortuosos que, en última instancia es un Batman vs. Batman. El héroe contra la imagen distorsionada de si mismo. Imitadores del murciélago pero de métodos definitivos, una Catwoman voltaica como ambigua secundaria y la mejor aparición de uno de los más fascinantes villanos de la galería del héroe: el doctor Hugo Strange. Un psiquiatra enfermizamente obsesionado con Batman hasta el punto de querer ser él. Curiosamente todo el discurso del tebeo y su tono realista parecen material nolaniano de primer orden.

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Gotham Central (Guión: Ed Brubaker y Greg Rucka / Dibujo: vvaa) 2003-2006

¿Cómo sería la vida y trabajo de unos policías si Gotham fuese una ciudad de verdad? ¿Cómo les afectaría toda esa enloquecida actividad superheroica? A esto responde Gotham Central, el equivalente tebeístico a los chicos del Distrito 87 de la novelas de Ed McBain, un procedimental entre tipo en mallas, criminales aterradores y héroes aun más aterradores. Dos experimentados guionistas noir como Rucka y Brubakerhacen convivir el realismo en el irrealista contexto del comic de superhéroes en base a un desarrollo minucioso de caracteres, una vibrante sensación de cotidianeidad y un genuino sentido del drama que te hace empatizar de manera inmediata con esos polis comunes metidos en el peor de los oficios posibles en el peor de los lugares posibles. La sólida nómina de dibujantes de estilo sucio, el soberbio Michael Lark a la cabeza como definidor del estilo gráfico de la serie, hacen el resto para componer la mejor serie de Batman de principios de los 2000 y eso que el personaje casi ni aparece, aunque se le siente en cada página, vigilante.

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Caballero oscuro, Ciudad Oscura (Guión: Peter Milligan / Dibujo: Kieron Dwyer), 1990

La gran historia ocultista de Batman. Una carrera contrarreloj enfrentandose al Acertijo más peligroso y sádico que se recuerda sirve como excusa para una historia sobre el mal que creo Gotham City, la ciudad que merece a Batman y la ciudad que Batman necesita. Padres fundadores que invocan al demonio Barbatos, rituales sacrificiales, geografías secretas y ecos del pasado redondeadas, en su día, por las portadas de Mike Mignola. Quizás mereció un dibujante de mayor fuste pero el guión sigue siendo un vivero de ideas sobre el cual, por ejemplo, Grant Morrison ha regresado para construir su mitológica etapa en el personaje. El responsable del mismo fue Peter Milligan, uno de los guionistas de la “invasión británica” de los 80 pero cuya irregularidad siempre le colocó un punto por debajo de Alan MooreNeil Gaiman o el propio Morrison. Así y todo SkreemerEnigmaShade, la radical The Extremist, la relectura para el sello Vértigo de Blanco Humano o su antológica etapa en Marvel con X-Statix son méritos suficientes para un autor obsesionado con la identidad y su inestabilidad.

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JLI: Liga de la Justicia Internacional (Guión: Keith Giffen, J.M. De Matteis / Dibujo: Kevin Maguire, et alt.), 1987-89

Mitad de lo años 80, el epicentro mismo del nacimiento de la Edad Oscura de los cómics. Mientras Alan Moore explora las neurosis de los adultos disfrazados, el dúo dinámico Giffen/De Matteis los convierte en carne de parodia. Si uno se tomaba verdaderamente en serio los personajes de aquellos tebeos, si de verdad los llevaba al mundo real, aquellos dos caminos eran los únicos razonables. Para sorpresa de los propios autores, la DC les dio permiso para utilizar a Batman en medio de una serie de personajes más o menos de segunda (y tercera fila) con los cuales iban a formar aquella Liga de comedia de situación. Su genialidad fue no mover un ápice de la personalidad de Batman post-Miller. Así el vengador oscuro, arrogante, hosco, autosuficiente y archiduro era dinamitado sin contemplaciones al colocarlo en medio de chistes de ida y vuelta, réplicas a mil por hora, humor vitriólico y estupidez generalizada. El increíblemente expresivo dibujo deMaguire y un puñetazo directo a la nariz de Guy Gardner, el más inaguantable Linterna Verde, lanzaron la serie a la leyenda entre las carcajadas de Blue Beetle.

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La saga de Ra’s Al Ghul (Guión: Dennis O’Neil / Dibujo: Neil Adams), 1971-72 + Hijo del Demonio (Guión: Mike W. Barr / Guión: Jerry Bingham), 1988

 

Si O’Neil se había empeñado, al recoger a personaje de finales de los 60, en borrar la huella de la serie televisiva protagonizada porAdam West en base a devolver al personaje sus cualidades oscuras, acercándolo a sus origen pulp, más detectivescos y tenebroso será ya en los 70 cuando decida una verdadera inmersión en lo pulp, que a su ver resultará toda una renovación/ampliación de Batman y su cosmogonía: aventuras internacionales, espionaje, artes marciales, ciencia-ficción, organizaciones secretas, conspiraciones a escala global… yRa’s Al Ghul. Un villano juliovernesco empeñado en la paz mundial por los métodos más expeditivos imaginados y que, además, no odia a Batman, lo admira hasta el punto de querer convertirlo en su heredero, en el heredero de su misión. Este nuevo archivillano venía equipado con una iconografía y un universo riquísimo, que evocaba por igual los misterios del oriente, las fuerzas de los oculto y la ciencia patafísica. A todos estos ingredientes, se añade la presencia su hija, claro: Thalia. “Ella”, que diría Sherlock Holmes. Némesis e igual del héroe. Más de una década después Mike W. Barr escribiría una de las historias maestras de Batman, Hijo del Demonio, mostrando como con la nueva década aquella reactivación pulp se había oscurecido al contacto con un mundo real más sombrío y violento. Un extraordinario regreso al universo de R’As Al Ghul ilustrado -¡y de qué manera!- por un hiperdetallista Jerry Bringham cuya culminación era la concepción del hijo de Bruce Wayne y Thali Al Ghul, sacada de la continuidad hasta la etapa de Grant Morrison.

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Robin muere al amanecer (Guión: Bill Finger / Dibujo. Sheldon Moldoff), 1963

El apoteósico numero 156 de la colección Batman, el resumen de la edad del ácido del murciélago. Durante los últimos 50 y los primeros 60 Batman vivió sus aventuras más extrañas de la mano de los guiones de gente como Finger o France Herron y el dibujo naif de Moldoff. En ellas era sometido a constantes asaltos mentales, controlado, drogado, condicionado… vivía en una realidad paralela de colores gritones y alucinaciones que vistas en su momento no pasaban de aventuras infantiloides de consumos rápido pero que hoy pueden ser leídas como somatizaciones del terror atómico y el avance de las drogas psicoactivas. Si uno pasase la lengua sobre estas páginas el efecto sería similar a la disolución del LSD en la saliva. Esto es Robin muere al amanecerBatman on acid. Sometido a un experimento de privación sensorial el héroe siente como su realidad se disuelve entre paisajes mentales de Marte y asiste a la cristalización de su peor miedo: la muerte de su joven protegido. Es cierto que Grant Morrison ha canibalizado esta y otras historias, o más bien la especial sensibilidad de esta época, para su Batman RIP pero el influjo, transmutado en tortuosa ambigüedad psicológica, ya podía verse en la pesadillesca Máscara (Legends of the Dark Night, 1992), donde Bryan Talbot situaba a Bruce Wayne como un alcoholizado demente que se cree Batman.

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Batman 667-669 –La isla del Señor MayhewAhora estamos muertos¡El Caballero Oscuro debe morir!– (Guión: Grant Morrison / Dibujo: J.H.Williams III), 2007

Grant Morrison en su mejor versión usando con elegancia uno de los recursos de la posmodernidad; rellenar los huecos. Pero estos tres números con la forma del Diez Negritos de Agatha Christie son mucho más que un ejercicio de retrocontinuidad. Son la materialización de la idea fuerza de toda la etapa del escocés al frente del personaje: los tebeos de ahora, como antes. Morrison es de los pocos, de los muy pocos guionistas actuales, que escriben cómics como si fueran cómics. Ni películas, ni novelas, ni series, sino tebeos. Aquí lo aplica en una revisitación de Los Batman de todas las naciones y El Club de Héroes, dos absurdas historias deEdmond Hamilton del 55 y el 57 respectivamente, para convertir ese absurdo en parte esencial de una conspiración aterradora contra Batman, dirigida por la siniestra organización conocida como El Guante Negro. Si los giros y revueltas del argumento funcionan a la perfección se debe, en gran mediada, al recital creativo y narrativo deJ.H. Williams III, aplicando un sutil estilo propio para cada personaje, variando las técnicas de ilustración con motivos dramáticos y empleando una diagramación de página asombrosa. Una verdadera obra maestra que hace más dolorosa la inminente presencia del nefasto Tony Daniels en la serie.

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Batman y Robin (Guión: Grant Morrison / Dibujo: vvaa), 2009-10

Toda la etapa de Morrison al frente de Batman nace de un concepto prodigioso: todo lo que le pasó al personaje vale. Todos los Batman son este Batman. Meter semejante continuidad en una serie dispara el estilo elíptico y potencialmente confuso del escocés, pero le permite llevar al papel sus ideas sobre los superhéroes con el más grande de todos ellos. Agotada la vía caníbal con Batman RIP, Morrison realiza un movimiento maestro: saca a Bruce Wayne de la ecuación pero conserva a Batman. Uno de los más bellos motivos de la DC, el pasar el manto, se realiza finalmente entre Batman y Dick Grayson, el primer Robin, quien se convierte en Batman por una temporada. Junto a él, estará Damian Wayne, el hijo de Bruce y Thalia, una bestezuela arrogante criada en medio de La Liga de Asesinos. Tan demencial que funciona. Batman y el Chico Maravilla mejor que siempre en un tebeo descarado, vertiginoso y pop, siniestro y vitalista al tiempo. Algo desequilibrado por el baile de dibujantes pero que resplandece en su inicio con Frank Quitely y alcanza lo magistral en los números finales a cargo de un Frazer Irving espeluznante. Estructurada mediante una historia detectivesca sobre la búsqueda de Bruce Wayne por parte de sus pupilos, en la cual los héroes recibirán la ayuda más inesperada, presenta la definitiva síntesis entre el bativerso y el morriverso. Por si fuera poco Morrison regala uno de los mejores Joker en tiempos, ese que no está loco, sino “cuerdo de un modo diferente”.

Batman & Dracula: Lluvia Roja (Guión: Doug Moench / Dibujo: Kelley Jones),1991

Uno de los más memorables “Otros Mundos” de la comicología batmaníaca. Nada menos que un enfrentamiento en una Gotham más gótica que nunca entre los dos señores de la noche en el cual Batman será capaz de todo por prevalecer. Quizás el dibujo grotesco de Kelley Jones no sea para todos los gustos pero la historia, límite, violenta y terrorífica, expandía el universo del personaje a partir de su propia iconografía con gran inteligencia y no poco vigor. En una conclusión de radical coherencia, Batman abrazaba definitivamente la oscuridad como punto de no retorno.

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Detective Comics 471-476 (Guión: Steven Englehart / Dibujo: Marshall Rogers), 1977-78

El gran tebeo tardosetentero de Batman de la mano de uno de los grandes guionistas Marvel y del entonces sensacional Rogers (partícipe de otra época grandiosa Marvel, en su caso al cargo del Doctor Extraño), quienes proponen una secuencia de relatos encadenados por una trama mayor con implicaciones políticas y sentimentales. Hugo Strange rompe el fuego y le continúan el Pingüino y un memorable número con Deadshoty máquinas de escribir gigantes en homenaje a unos viejos tiempos mucho menos dramáticos, pero es, claro, el Joker quien culmina la saga en un aterrador juego titulado El pez sonriente, plenitud de la reaparición setentera del Joker peligroso y cruel, que disfrutaba de su relación sadomasoquista con Batman planteada en números clásicos como Las cinco venganzas del Joker (O’Neil y Adams en 1973) o La muerte ríe la última(Haney y Aparo en 1974). Pero el verdadero interés de la serie radica en la historia de amor, imposible, entre Bruce/Batman y Silver St. Cloud, quien descubrirá la identidad del justiciero y preferirá abandonarlo antes que perjudicar su dedicación; el melodrama llegó también a la DC en los 70, por supuesto. Esta historia de amor es el factor desequilibrante que lleva a Batman al límite, acosado como nunca por un político corrupto empeñado en echarlo de Gotham, una temática de denuncia social muy al estilo de la DC de los 70.

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Detective Comics 569-574 (Guión: Mike W. Barr / Dibujo: Alan Davis), 1986-87

Mi debilidad personal. En múltiples aspectos lo hacho hoy por Morrison pero en 1986. En pleno nacimiento de la Edad Oscura Barr y Davis reivindican la luminosidad, el humor y el absurdo, pero, mágicamente, lo hacen convivir con una mirada adulta, tenebrosa. Números autoconclusivos pero con el leitmotiv de la perdida, esa posibilidad de muerte que siempre ronda a Batman y Robin. Dinámica, ligera, deliciosa, pero también nostálgica y reflexiva (sobre el medio, sobre el personaje) sin necesidad de alardes. Barr se atreve a recuperar a villanos potencialmente ridículos a los cuales convierte en verdaderamente oscuros y de igual modo presenta algunas de las mejores caracterizaciones (físicas y psicológicas) de Batman, Joker y Catwoman. En especial, el final del número 570, con Batman derrotado, gritando un espeluznante “Para de reír”¿Me oyes Joker?” mientras le golpea con una violencia desmesurada resulta inolvidable. La gracia natural del dibujo de Alan Davis (tintas del gran Paul Neary) y el colorista acabado de Adrienne Roy redondean un conjunto abortado demasiado pronto, que ha quedado como etapa de culto, en cierto modo ampliada pro otra deliciosa colaboración de los autores durante la época: Batman y Los Outsiders.

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Leyendas de Batman: Nieve (Guión: Dan Curtis Johnson / Dibujo: Seth Fisher), 2005

Otra de esas joyas ocultas debajo de la ingente producción batmaniana. No hay que dejarse engañar por su exterior redondeado y de colores pastel, la historia es triste, rematadamente triste.  Como otros grandes relato de Batman, en esta ocasión  funciona inclinándose hacia la historia de un villano, Mr. Frío.  Aquí, el Caballero Oscuro sirve de guía al lector. Frío es el villano trágico del bativerso, sus motivaciones son románticas e inalcanzables, una cura para la enfermedad de su esposa a la cual mantiene congelada, lo cual le convierte en un personaje digno de compasión según el enfoque del guionista de turno, aquí muy cercano en diseño y motivaciones al de la serie televisiva de Bruce Timm. Pero si bien la historia es notable con detalles tan sorprendentes como es Batman reclutando colaboradores) lo que la eleva sobre la media es el asombroso grafismo de Seth Fisher, un dibujante descomunal que saltó al suelo de Osaka en 2005, terminando con su talento y su vida. De estilo alejado del canon superheroico, rebosa sentido del humor, expresividad,  y un detallismo que lo asemeja a Geof Darrow.

Batman. La maldición que cayó sobre Gotham (Guión: Mike Mignola / Dibujo: Troy Nixey), 2000

Debido a esas peculiares características “arquetípicas” de Batman sobre las cuales trata todo este artículo, ningún personaje se adecua tanto como él al rico concepto de “Otros Mundos”, esa táctica de deslocalizar a un personaje para recrearlo en un contexto diferente. Así Batman ha sido lo mismo pirata que llanero solitario por el Oeste; y aquí de nuevo Morrison ha tirado de audacia metiendo en continuidad estos “Otros Mundos”, en no pocos sentidos, expresiones culpables de los desbarres de los últimos 50 y primeros 60. Mignola ya había participado como dibujante en uno de los más prestigiosos de estos volúmenes, Luz de Gas(1989) en el cual, bajo guión de Brian Augustyn, se traía a Jack el Destripador a un Gotham decimonónico del cual emergía un Batman convertido en vigilante, digamos que “proto-pulp”. En 2005 Mignola como guionista (auxiliado por Richard Pace), portadista y diseñador regresaban a ese mismo contexto, una Gotham de principios de siglo para, esta vez, proponer su personal Batman en las montañas de la locura. Lovecraf, o el Lovecraft mignoliano que aparece en Hellboy y AIDP, estética pulp y adaptaciones de otros héroes y villanos de la DC para una historia terror preternatural y ocultismo que, quizás sin quererlo, conecta con las ya mencionadas Caballero OscuroCiudad Oscura y Lluvia Roja, al insistir en el legado tenebroso de la ciudad y en la naturaleza última de Batman, más demoníaca que beatífica.

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JLA. Torre de Babel (Guión: Mark Waid / Dibujo. Howard Porter), 2000

No es una historia de Batman, sino de la Liga, es cierto, pero pocas como esta aventura en cuatro partes escrita por Mark Waid definen mejor las esquinas más oscuras de la personalidad del murciélago post-Crisis como esta. Desconfiado, paranoico y preparado hasta el mínimo detalle, Batman ha preparado la manera de vencer a todos sus compañeros de La Liga de al Justicia en caso de que fuese necesario neutralizarlos. Caundo estos planes caigan en manos del megalómano número uno, R’as Al Ghul todos estos aspectos desagradables quedarán exhibidos, obligados entonces sus compañeros a plantearse su expulsión del grupo. Mediante un historia puramente superheroica, y además resuelta con ejemplar brevedad, Waid se permite escrutar moralmente al héroe de una forma mucho más penetrante y severa que docenas de números saturados de monólogo interior y violencia brutal________________________________________________________________________

Batman nº 47 –El origen de Batman– (Guión: Bill Finger / Dibujo: Bob Kane), 1948

Un caso corriente adquiere para Batman una dimensión profunda al reconocer entre los culpables a Joe Chills, el asesino de sus padres. Un recurso dramático sobre el cual multitud de autores han vuelto, planteado ya en el 48, cuando los héroes de tebeo estaban a años luz de cualquier necesidad de introspección. De pronto, una historia vulgar y corriente se convertía en un giro definitivo en la vida de Batman y en su carrera como enmascarado. La muerte de sus padres, año cero de su determinación sobrehumana, era recordada en un intenso flashback y el enfrentamiento, sin máscara, con Chills postergado hábilmente mediante la inclusión de la susodicha trama detectivesca. El culmen llega cuando sean los propios hampones quienes tiroteen a Chills al enterarse de que este es el creador de Batman. Su estética de noir suavizado y sus magníficos diseños están, sin duda, en el origen de esa joya de Bruce Timm que es la serie animada de Batman de principios de los 90. Una pequeña historia que incidía en el trotuoso recuerdo al cual Batman regresa una y otra vez como cruz y motivo que viene a representar aquí a otras historias de este tipo como El primer BatmanNo hay esperanza en el callejón del crimen o la influyente El hombre que cae.

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Planetary/Batman: Noche en la tierra (Guión: Warren Ellis / Dibujo: John Cassaday), 2003

A lo que Morrison dedica toda una etapa, Ellis lo resuelve en un solo número que, a su vez, resume todo este largo texto: todos los Batman valen, todos son el auténtico. Durante una noche el equipo de arqueólogos de lo imposible formados por Elijah Snow, Jakita Wagner y The Drummer intentar recuperar a un ajente de Planetary atrapado en una anomalía temporal capaz de hacer funcionar el Multiverso al unísono. Lo malo es que tras el también andan los Batman de todos los tiempos. Ellis y Casaday rinden un homenaje insuperable a la historia del personaje en un guión de que hace de la simplicidad su belleza. Batman cambia de página a página, a veces de una viñeta a otra entre encarnaciones pasadas, presentes y futuras que permiten a Cassaday dar un recital de ductilidad y estilo y Ellis lo explica todo: “Él no lo sabe. No percibe los cambios”. Autonconsciencia y metalenguaje en clave elegante para explicar la evolución, o al menos el cambio, de lenguajes y valores en los tebeos de superhéroes.

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Astro City. La saga del Confesor (Guión: Kurt Busiek / Dibujo: Brent Anderson), 1997

Desde hace demasiados años (¿hasta el All-Star Superman de Grant Morrison con alguna honrosa excepción de por medio?) se ha convertido en un tópico, cierto, el decir que las mejores historias de Superman se escriben en sus múltiples trasuntos; delSupreme de Alan Moore al Majesticde Joe Casey, del Apollo de Warren Ellis al Red Son de Mark Millar, que sí era Superman pero criado en la Unión Soviética, o al Samaritano de Busiek en esta Astro City. Había algo que paralizaba a los guionistas, algo más allá de las imposiciones editoriales que impiden profundizar en la riqueza del personaje; un respeto reverencial que se traducía en parálisis creativa. En Batman es cierto que siempre hubo mayor libertad, pero el enfoque urbano/oscuro/neurótico impuesto pro Frank Miller a mediados de los 80 se había convertido en un canon casi irrompible que al menos respiraba por multitud de liberadores proyectos paralelos. Pese a esto una de las mejores historias de Batman de los 90 y primeros 2000 no fue protagonizada por él, sino por una palimpsesto llamado El Confesor. Astro City fue la tercera vía del cómic de superhéroes, una deconstrucción sin cinismo, una historia del medio sutilmente oculta tras un cómic superheroico puro. El Confesor era el Batman de este universo, y El Monaguillo su Robín. La saga cuenta una historia de invasión alienígena, infiltraciones y grandes batallas, pero esto solo en apariencia. La verdadera historia está llena de secretos (que conectan con Lluvia Roja), aspectos sobrenaturales y religiosos, conocimiento y humanidad. Este Batman sí puede pasar el manto y convertirse, así, en leyenda, en mito.

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4 comentarios el “Los Batman de todos los colores: una antología

  1. Belén
    26 Jul 2012

    Está ideal este artículo aquí. Un gran repaso cronológico del Caballero Oscuro.

    • adrián esbilla
      26 Jul 2012

      Es que además el marco mejora la foto, oye.

      • Belén
        26 Jul 2012

        Jeje. Sí. Queda genial.

  2. Pingback: Oscuro universo pop: el Detective Comics de Barr y Davis | El norte está lleno de frío

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Esta entrada fue publicada en 26 Jul 2012 por en Batman, Cómic, NEVILLE y etiquetada con , , , , , , , , , , , , .
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