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¡Fatalitas!: Jean Mascart, dit Chéri-bibi. La versión BD de Bertho y Boidin

Chéri-bibi, Bertho y Boidin según la obra de Gaston Leroux, 2006/2008

Gaston Leroux se inventa para el periódico Le Matin, en un folletín de 120 entregas entre abril y agosto de 1913, al prisionero número 3216, el terrible Chéri-bibi; un archihéroe condenado a ser archivillano por culpa de la fatalidad, diosa recurrente, caprichosa e implacable que sobrevuela toda la obra.  En cierto modo personaje y saga, tremebunda, recargada, delirante, venía a ser el reverso de otro personaje creado unos años antes, en 1907, dentro del libro de “intriga en habitación cerrada” publicado por entregas en  L’Illustration El misterio de la habitación amarilla: el periodista en investigador Joseph Rouletabille.

Si Rouletabille extendió sus apariciones hasta 1922 con Rouletabille chez les bohémiens conformándose como la más popular versión francesa de Sherlock Holmes y casi un proto-Tintín, el desdichado Céri-bibi lo haría hasta 1926 con Le Coup d’État de Chéri-bibi, naciendo como un émulo de El Conde de Montecristo, escribiendo su nombre junto a otros villanos buenos como el Arsenio Lupin de Maurice Leblanc, creado en 1905, y dejando sentir su influjo particular y el de esta escuela en general hasta el V de Alan Moore y David Lloyd en V de Vendetta, en múltiples aspectos un hijo, politizado y autoconsciente, de la cultura folletinesca de la narrativa popular en Europea, fascinada por el mal y los malvados en contraposición a la norteamericana, que en sus versiones más cínicas desemboca en el hard-boiled y en las más optimistas y solares en los superhéroes, pero en ninguna de ellas deja de tener a los representantes del lado bueno como objeto central.

En un momento, ya cerca del final, Chéri-bibi dice que ha hecho que “amaran a un hombre detestable y que detesten a un hombre honesto”. La tensión, insoportable, de esta dualidad construida engaño sobre engaño, una trampa al ojo constante, de orden vital, desemboca, no podía ser de otra manera, en la tragedia.

Para sobrevivir, Jean Mascart, acusado falsamente de un doble asesinato y luego enviado a un penal  que rivaliza con la infame Isla del Diablo, tendrá que inventarse a un villano más grande que la vida, una fuerza fantástica cuyo nombre aterroriza por si solo: Chéri-bibi. Con la ayuda de sus propios enemigos y de la prensa, la cual construye un folletín dentro del folletín que es la obra en su conjunto, Chéri-bibi se transforma en una leyenda, en el hombre del saco que ha cometido todos los crímenes de Francia.  La única manera de regenerarse y conseguir que un amor idealizado se materialice es siendo otro, literalmente siendo otro. En un giro de ciencia-ficción el asesino más buscado de Francia renace con el rostro del único hombre al cual de verdad desearía matar Chéri-bibi. Pero ni venciendo a los demonios se puede escapar de “fatalitas”.

Lo terrible y lo rocambolesco, ese adjetivo nacido del nombre Rocambole, otro personaje archivillanesco creación esta vez de Ponson du Terrail en 1858, a caballo entre el  goticismo y el folletín propiamente dicho, tanto en forma industrial como en combinación estilística de melodrama, aventuras, crimen y delirio, alimentan la historia de Leroux aquí concentrada en tres entregas que no dan tregua muy bien ilustradas por Marc-Antoine Boidin en un estilo limpio, caricaturesco y enérgico, brillante en la expresividad facial y en las caracterizaciones físicas, capitales ambas en las obra, y apoyadas en un color luminoso cuando toca y tenebroso a su tiempo, expresivo siempre, dramático, aplicado, juraría, directamente sobre los lápices. Buen narrador en general, resuelto en la acción, maneja con gusto la disposición de la viñeta consiguiendo efectos de crescendo poderosos o usando cuadros más grandes para situar/enmarcar una acción que desarrollará en las cuadrículas más pequeñas, todo ello dentro de la misma página con notable armonía y fluidez. No es, en definitiva, un simple acompañamiento más o menos lustroso, sino que sabe dar y cambiar el ritmo del relato.

Un mérito importante en tanto este arrastra ciertos problemas de confusión derivados del gran esfuerzo de compresión. Pascal Bertho al guión se aplica en una estructura que admite, por necesidad, la elipsis y por gusto el flashback. Lo uno permite agilizar transiciones y acortar peripecias, lo otro enriquece la trama principal y ofrece una rica variedad de escenarios, todo ello muy folletinesco. Lo cual permite especular con la manera en la cual tres medios diferentes como la escritura, el cine y el comic han retroalimentado mediante diferentes sinergias eso del folletín y de lo folletinesco.

Si en la edad dorada entre los 10 y los primeros 20 el cinematógrafo y las publicaciones periódicas se encabalgan, y desarrollan con feliz promiscuidad -Leroux escribirá incluso al dictado de los folletines en cinematógrafo mientras que la imaginería de Feuillade en Fantomas, Judex o Las Vampiras influye y se ve influida por las ilustraciones de portadas y acompañamiento de los folletines en papel. Un tema este sobre el cual bien merecería la pena profundizar- la BD del presente parece como un medio excelente de redifusión de aquel material, de hecho el presente volumen supone la primera aparición en español del personaje, mientras la cinematografía francesa de los 20 ha regresado, de nuevo y  también, a esta fértil, admirable, tradición con estruendosas o ligeras modernizaciones como Arsène Lupin (Jean-Paul Salomé, 2004) o Le Mystère de la Chambre Jaune (Bruno Podalydès, 2003).

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3 comentarios el “¡Fatalitas!: Jean Mascart, dit Chéri-bibi. La versión BD de Bertho y Boidin

  1. Pingback: Desde El Norte: Chéri-bibi, el preso número 3216. Gaston Leroux según Bertho y Boidin | Esbilla cinematográfica popular

  2. Belane
    29 May 2012

    Se ve de calidad el Chéri-Bibi.

    Recuerda, como dices, entre otros, al conde de Montecristo, pero quizás más oscuro. Me ha gustado cómo has sintetizado la contraposición de esta narrativa popular del viejo continente con la norteamericana. Es muy curioso. Casi en el cine actual se da esta oposición. Siempre somos más sombríos por aquí y ellos más comerciales. Así, a grandes rasgos.

    • adrián esbilla
      29 May 2012

      Pues más o menos y generalizando, que siempre se pierden los matices y los versos sueltos, es así. Aunque los americanos tiene su propia fascinación por el mal en eses hilo raro que uniría a los forajidos del oeste, los gangsters de los 20 y 30 e incluso ese gótico USA de los serial-killers y demás que tanto les fascina. Pero esto es más folklore que literatura pulp.

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