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La justicia: Michael Kohlhaas, Heinrich von Kleist, 1811

Michael Kohlhaas, Heinrich von Kleist, 1811

Michael Kohlhaas comienza como todos los dramas verdaderamente grandes: con un hecho mínimo. Esta minucia, el despótico comportamiento de un noble,  Wenzel Von Tronka, con respecto a unos caballos propiedad del tratante Kohlhaas derivará, de manera minuciosa e implacable, en una epopeya demencial, paroxística y, al final, insatisfactoria. O más bien tan satisfactoria que no contenta a nadie en su aplicación imperturbable de la ley.

Tomada de la crónica real del siglo XVI sobre la rebelión de Hans Kohlhase contra Sajonia, von Kleist toma de la crónica la forma, gélida y desapasionada, transformándola por la acción misma de la novelización, de la re-creación, en una ironía de fondo que convierte el desmesurado crescendo de la querella en un retablo proto-kafkiano. En ese contexto, que no es de denuncia sino de muestra, la voluntad férrea de un individuo es triturada por un sistema absurdo. Por minucias, trampas y subterfugios de una burocracia superada por una circunstancia inesperada, ya que alrededor del comerciante crece un ejército de desesperados que aterrorizan a todas las ciudades de la frontera con un objetivo monomaníaco por parte de su líder: la restitución de los caballos. De tal modo una afrenta menor, un abuso cotidiano, se ve transformado en una desafía social, una revolución contra todos los órdenes del sistema; los religiosos, los morales, los políticos, los económicos…

Alexander Lernet-Holernia escribe en Marte en Aries que “quizás los relatos más auténticos sean aquellos que no son del todo fantásticos ni del todo lógicos”. Dicho esto en 1941 parece rebotar en el tiempo hasta 1811, ya que von Kleist introduce a mitad de su historia un quiebro esotérico, con la forma de una premonición sobre el fin de un tiempo y una estirpe que, realizada por una anciana adivinadora y guardada por Kohlhaas en un saquito que cuelga de su cuello y nunca desvelará, le supondrá al protagonista un único triunfo, una satisfacción secreta solo conocida por él mismo y por su antagonista, el príncipe Elector de Sajonia.

Existe además una paradoja de estilo, que es además una paradoja vital. El autor fue un verdadero romántico en su corta vida de rebeldía personal y final suicida, que no escribe en clave romántica. Una isla, un cuerpo extraño de textura terrosa, ritmo monocorde y nula necesidad de brillantez. Siendo esta sustituida por la concisión y la austeridad. Un observador de la naturaleza humana que se conmueve en la colisión entre la moral deseable y la moral imperante. Pero que además, tal es de inflexible su mirada, tampoco salva a sus héroes. Aquí queda claro que, si bien la reclamación es justa, las acciones son desmesuradas, alimentándose unas a otras en una escalada demencial donde interviene incluso Martín Lutero, lo cual sirve para introducir una serie de penetrantes reflexiones religiosas y sociales donde Kohlhaas expone que si ha sido expulsado de la comunidad por desamparo tiene perfecto derecho a, como hombre libre, erigir su propia ley y hacerla cumplir con justicia. Y el sentido de la justicia del tratante es absoluto, categórico.

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11 comentarios el “La justicia: Michael Kohlhaas, Heinrich von Kleist, 1811

  1. elcriticoabulico
    13 Mar 2012

    El caso es que la van a hacer peli (bueno, la han hecho mejor dicho), con Mads Mikkelsen como Kohlhaas. Tiene pinta de que es de esas que acaban por reducir el original a su expresión más simple (una venganza nihilista y furiosa y poco más).
    http://www.imdb.com/title/tt2054790/

  2. adrián esbilla
    13 Mar 2012

    Ya lo he leído, ya. Tiene buen reparto pero… En realidad el libro ya se adaptó un par de veces: una por Volker Schlondorff a finales de los 60, protagonizada por David Warner y de gran fidelidad al parecer. La otra un western de la HBO, protagonizado y producido por John Cusack y dirigido por una resucitado John Badham. En España se distribuyó en DVD y se ha puesto multitud de veces por la tele como Sin piedad. Y no está nada mal.

    • John Space
      13 Mar 2012

      Ya que has mencionado a Schlondorff, ?has visto su adaptación de _Las tribulaciones del estudiante Törless_, de Musil? Leí hace poco la novela, excelente como ella sola.

      • adrián esbilla
        13 Mar 2012

        No está mal. Un tanto plomiza a veces pero penetrante. Y con un papel memorable para Barbara Steele como puta.

  3. John Space
    13 Mar 2012

    Ah, como el libro. Eso es un punto a su favor.

  4. adrián esbilla
    13 Mar 2012

    Soy un hombre sin esos atributos. Los de haber leído el libro, me refiero.

  5. Pingback: Para bellum: “Hombres violentos”, un western glennfordiano para Las tres noches de Barbara Stanwyck « Esbilla cinematográfica popular

  6. Pingback: Anónimo

  7. elcriticoabulico
    5 Abr 2015

    Pues he visto la peli de Mikkelsen y, aunque no es una maravilla, me gustó bastante el tratamiento de la narración, sin énfasis en las motivaciones o en el cobro de la venganza y la violencia. Según leo aquí de nuevo, parece que sí logra heredar la gelidez y el desapasionamiento de la novela y es un rasgo que la hace una película curiosa o, por lo menos, atípica.

    • adrián esbilla
      5 Abr 2015

      Habrá que probar. La versión western que hizo Cusack me gusta mucho y en Ragtime (novela y película) también usan este argumento para una de las tramas; lo cual habla de la fuerza de la historia y su universalidad.

  8. Pingback: Michael Kohlhaas | elcriticoabulico

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