El hombre dibujado

la esbilla entintada

País: El vendedor de naranjas, Fernando Fernán-Gómez, 1961

El vendedor de naranjas, Fernando Fernán-Gómez, 1961

Publicada en tiempos, 1961, por la editorial madrileña Tebas El vendedor de naranjaspasó con tanta pena y tan poca gloria como pudieron haber pasados empeños coetáneos, un poco anteriores en realidad, finales de los 50, del fundamental (como novelista) Rafael Azcona. Nadie hacia caso a aquellos libritos de pocas páginas, escasas veleidades auotorales (solo en apariencia) y en muchos casos escritas a velocidades vertiginosas. Publicadas en pequeñas editoriales o en subsellos dedicados al humor, radiografías de risa congelada sobre la España instantánea como El Pisito. Historia de amor e inquilinatoLos ilusosPobre. Paralítico. Muerto, Los Europeos, material de demolición, o la misma El vendedor de naranjas, no contaban, ni han contado hasta hace bien poco, frente al realismo naturalista-dramático de los grandes nombres como Sánchez Ferlosio, García Hortelano o el excelente cuentista que fue Ignacio Aldecoa. Menos frente a la experimentación formal joyceana de un Luis Martín Santos.

Situada en medio de mejor periodo de su cine como director la novela supone una coherente continuación/ampliación por otros medios de lo que estaba haciendo desde mediados de los 50 y lo que buscaba hacer a principios de los 60. Más cerca todavía del Arniches renovado, amable, comprensivo, del díptico cincuentero La vida por delante/La vida alrededor, del cual El vendedor de naranjas es una prórroga perfecta, que del tono crispado, deesperpento grotesco, que adoptará con decisión en la formidables El mundo sigue, matizado por la adscripción realista de la novela de Zunzunegui adaptada,  y El extraño viaje. En El vendedor de naranjas hay derrota, pero no se llega a la amargura infinita, solo a la resignación del “ya te lo dije”. Que no es poco.

Aquí se detecta sin dificultad la tipología típica del personaje de Fernán-Gómez, incluso se pueden percibir influencias de Azcona al se el héroe el típico personaje pusilánime al cual las desgracias arrollan por su falta de carácter, por su incapacidad para decir “NO”. En el libro este protagonista es un guionista, con pinitos literarios “serios”, contratado pro una oscura productora “Pumicas” para rematar un guión ya manoseado que nunca cobrará, como bien le anunció su mujer, mientras es paseado por los cabarés matritenses de la mano de un empresario valenciano, naranjero, llorón, sentimental y de honestidad a prueba de bomba, o casi. La peripecia, tan estrafalaria que solo puede ser verdad, la resuelve el autor en términos de Kafka asainetado, comedia cruel pero tierna, reflejo al instante de una época, un cine y unas mentalidades. Escrito con la sencillez del que conoce y estilo del que sabe, España, otra vez, por la puerta de atrás, robándole la definición a La Cuadrilla. Un retablo (viviente, y tanto) de tipos definidos con exactitud, de captación de psicologías en una frase. Novela económica, concisa, española en el sentido de continuar/ampliar una tradición que viene desde al picaresca y que se cifra en la deformación de la realidad por al vía del humor. Lo cual no da en falta de realidad sino en la multiplicación del reconocimiento e impacto de la misma.

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